Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

domingo, 22 de marzo de 2015

Los famosos límites...

(inspirado por La Pedagogía Blanca):

Los límites existen. No hay niños sin límites. Los niños no pueden volar, ni respirar debajo del agua (y mira que nos gustaría…). He escuchado a padres decir que siguen el “método de Carlos González”, que según ellos es dejar que los niños hagan lo que quieran siempre que quieran. 
Aunque es cierto que hay una tendencia en la crianza respetuosa que habla de que a los niños se les debe dejar autorregularse, porque ellos encontrarán sus límites,  tenemos que entender bien esto:  Los límites y la seguridad del niño son mi responsabilidad  como adulto. Soy yo quien, como madre, padre, educador, etc, le tengo que explicar dónde están los límites.
Y hay tres que siempre tenemos que poner los adultos: no te haces daño a ti mismo, no me haces daño a mí y no haces daño a los demás.

Los niños no están preparados para gestionar su agresividad. Los sentimientos  de ira, rabia, enfado, celos… son naturales y no se deben reprimir, pero jamás debemos dejar que el niño los descargue en otra persona, sobre todo en otro niño. 
¿Cómo conseguir esto? AYUDANDO al niño a expresar esos sentimientos de otra manera: Gritando juntos, pegando a un cojín, empujando la pared… Un niño necesita MOVIMIENTO, cuanto más quieto le obliguemos a estar, más se “reconcentra” la agresividad.

El último responsable de la educación de un niño es su progenitor, su padre, su madre. Somos nosotros los que tenemos que conocernos y saber dónde está NUESTRO límite… y desde ahí trabajar con los niños.
 Aparte de los límites “base” (no te haces daño, no me haces daño, no haces daño a otros), en cada familia hay límites culturales, de educación de los padres, etc. Dependiendo de la edad del niño, tendremos que decidir más o menos cosas por él:

Cuando un niño es pequeñito en el 90% de las cosas vas a decidir tú. Pero siempre hay momentos  en las que puedes permitirle decisiones autónomas. Por ejemplo, ¿quiere ir vestida de princesa a la calle? Vale, pero con el abrigo que hace frío.
A medida que pasan los años tenemos que acostumbrarnos a que los niños tomen decisiones y dejarles más autonomía.
 Ésta autonomía paulatina les “entrena” para cuando sean mayores.  Cuando yo tenía 15 años era la única de mi pandilla a la que mis padres dejaban pasar la noche fuera. Mis padres me fueron dando una autonomía paulatina y siempre han  estado muy pendientes de mi. Siempre estuvieron en el AMPA, primero en el colegio y luego en el instituto, eran ellos los que solicitaban reuniones con los tutores para ver cómo nos iba en clase, recuerdo de su parte una educación en la que me transmitieron los valores de la solidaridad, del trabajo. Recuerdo especialmente en mi adolescencia que, si le decía a mi madre que le tenía que contar algo, dejaba totalmente lo que estuviera haciendo y me escuchaba sin interrumpirme. Por supuesto que había cosas que no le gustaban de lo que yo le contaba, pero me explicaba, sin gritos, por qué no le gustaban y cuáles eran sus miedos... Y a pesar de todo, NUNCA me prohibió nada. Siempre me decía... "Sólo piensa en las consecuencias de tus actos"... Y yo lo pensaba... y había cosas que hacía, y cosas que no. 
Si nunca dejas decidir, si nunca dejas hacer, cuando tus hijos tengan 18 años no habrán tomado jamás una decisión. A los 16 o 18 prácticamente todos los adolescentes se enfrentan a situaciones como que  alguien les ofrezca  alcohol, drogas, o al momento de empezar a tener relaciones sexuales, y tendrán que decidir con quién las tienen y qué medidas de protección van a tomar.
Se va a encontrar en la situación con un amigo que está bebido y que tiene que subir en el coche. ¿Qué quieres que haga? Que se suba en el coche o que te llame a las tres de la mañana: ‘mamá, me he equivocado. Estoy con unos amigos en otro pueblo, están borrachos, ven a buscarme’. Estas situaciones ocurren, y cuando no ha habido una buena comunicación, los adolescentes no piden consejo a sus padres, piden consejo a su grupo de iguales… Y se suben al coche con el amigo borracho. Y todo por evitar la bronca.
Evidentemente, es nuestra responsabilidad como padres, madres, educadores… decir a los chicos en qué se ha equivocado, pero son errores y situaciones a las que cada uno de nosotros se enfrenta en la vida. Lo único que puedes hacer es esperar que tus hijos confíen en ti, ayudarles si han cometido un error y dejarles cometerlos… De una manera paulatina.


Ésa es la verdadera  autonomía, no comerse la papilla solos con un año y medio ni ponerse los zapatos a los dos. Es curioso, parece que cuando los niños son más pequeños, es cuando más esfuerzos vamos a hacer para que sean “autónomos”,  vamos a separarlos de mamá, vamos a obligarles a dormir solitos, vamos a ponerles normas (que evidentemente con dos años ni entienden ni pueden entender) , vamos a obligarles a hacer muchísimas cosas que les cuestan… pero de repente, cuando  ya sean adolescentes,  no les vamos a dejar hacer absolutamente nada por el miedo a que “les pase algo”.
 En el siguiente artículo os  hablaré de cómo conversar con nuestros hijos adolescentes (de algún modo lo que voy a contar tiene que ver con el respeto, la escucha activa y la comunicación emocional… así que sirve para comunicarnos entre nosotros, sea con nuestros hijos, con nuestros amigos, o con nuestras parejas)

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