Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

viernes, 27 de marzo de 2015

Conversando en familia....

Inspirada por unas pautas para conversar con adolescentes publicadas en Superpadres, se me ha ocurrido este artículo...
Nuestros hijos, sean niños o adolescentes necesitan muchísimo tiempo. Para conversar con un hijo de cualquier edad, para conversar con nuestro cónyuge, o con cualquier miembro de nuestra familia, considero fundamental que el otro, la otra parte de la conversación, no  se sienta juzgado, fiscalizado. Es muy frecuente que  las conversaciones, sobre todo con hijos adolescentes (pero demasiado frecuentemente con cualquier hijo, e incluso con nuestro cónyuge) se vuelvan interrogatorios, conversaciones agresivas que nos llevan a respuestas que no pasan de monosílabos... 
Pero es posible aprender a tener mejores conversaciones, no sólo con nuestros hijos, sino con cualquier miembro de la familia. Aquí van algunos trucos: 

1: Empezar la conversación desde lo que llamamos "frases yo",  y atender sobre todo a cómo os sentís y porqué os sentís así.

Ejemplo: Hoy he tenido un día terrible en el trabajo, nos han puesto un nuevo programa informático que iba fatal. Estábamos todos cabreados con el jefe… ¿A ti qué tal te fue en el instituto?

Cuando habléis con vuestros hijos (o con cualquier miembro de la familia)  prestad toda la atención en la conversación y no hagáis otra cosa a la vez. Nos hemos habituado a restar importancia a las conversaciones y hacemos miles de cosas mientras hablamos. Incluso intentamos llevar varias conversaciones a la vez (por el móvil, el ordenador, etc) . Para que una conversación, sea con nuestro hijo, sea con nuestro cónyuge, se convierta en una experiencia gratificante y profunda requiere de toda nuestra atención.

2: Prestar atención a lo que dicen e incluso más al cómo lo dicen.

Ejemplo: dices que estás bien pero yo te veo un poco triste, ¿es así?

3: Expresar interés, aprobación, preocupación sin juicios (¡¡muy importante lo de evitar los juicios!!). Resumir  lo que nos están contando para comprobar que lo estamos entendiendo bien,  y mostrar ánimo, cariño y abrir otras posibilidades que no han contemplado, es la mejor manera de mostrar que estamos en la conversación.

Ejemplo: Así que tu amiga no te ha invitado a la fiesta, y por eso estás enfadada y has dado ese portazo… ¿Podemos hacer algo para que te sientas mejor? ¿Te apetecería irnos a dar una vuelta esta tarde y me lo cuentas con tranquilidad?

4: Para continuar con un diálogo fluido es muy importante hacer preguntas y comentarios abiertos, preferiblemente desde la emoción que está sintiendo el otro en ese momento.

Ejemplo: Nuestro hijo se ha enfadado con un buen amigo, por algo que le ha hecho.
Respuesta cerrada: Mira que es tonto, no te preocupes tienes más amigos.
Respuesta abierta:  Vaya, comprendo que estés enfadado, con lo que tú valoras su amistad…

Es importante animar, especialmente a los adolescentes, a participar activamente en las conversaciones y permitir que se expresen con total libertad.
 Podemos  pensar  que sus ideas están equivocadas, pero si los censuramos o criticamos sin más, costará mucho más que se abran. Cuanto más los apoyemos más motivados se sentirán. 
A ningún padre, a ninguna madre, le gusta que su hijo beba, pero si la primera vez que viene borracho lo único que hacemos es gritar y censurar, no dejará de beber… Pero probablemente deje de contarnos lo que hace. Es importante saber cómo se ha llegado a esa situación y estar disponibles para que nos cuenten lo que han hecho y por qué lo han hecho.


Al principio aprender a tener buenas conversaciones nos puede costar un poco, pero es cuestión de práctica. Es mucho lo que podemos ganar. El recurso más poderoso que tenemos para acompañar a nuestros hijos en su crecimiento es la comunicación. Aprendamos a usarlo adecuadamente en su beneficio… ¡y en el nuestro!!

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