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"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

martes, 10 de junio de 2014

¿Y por qué no le pone un antibiótico?

Tanto como pediatra, como cuando he trabajado de médico "de mayores", esta pregunta era una de las "preguntas estrella" en la consulta. Durante muchos años, se ha abusado de los antibióticos tanto en adultos como en niños. Ante cualquier fiebre, los padres exigían (algunos todavía lo exigen) antibióticos para sus hijos, y los adultos a menudo se automedican con ellos. Creo que los médicos tenemos una responsabilidad clara en ésto, compartida con los farmacéuticos y con los líderes de opinión en general. Tenemos el deber de explicar que un antibiótico no es "gratis", ya no solo por el gasto sanitario, sino sobre todo por el daño que puede producir el tomar un antibiótico que no esté indicado. Un antibiótico suele eliminar gran parte de la flora bacteriana tanto intestinal, como de las mucosas en general. El hecho de eliminar la flora bacteriana nos hace más propensos a desarrollar alergias e intolerancias alimentarias, y provoca que nuestro intestino no absorba bien los nutrientes, motivo por el cual habría que reducir al mínimo los antibióticos en los niños (y en los adultos, pero nos agobia mucho más que un niño pierda peso, ¿verdad?). Cuando se elimina la flora bacteriana de mucosas, pueden crecer otros microorganismos, como las cándidas en la zona vaginal, y también en la boca. Y podemos seleccionar microorganismos resistentes a los antibióticos que nos pueden provocar problemas graves, si no a nosotros, a personas que tengan el sistema inmunológico alterado o suprimido, como las personas enfermas por el VIH o en tratamiento oncológico. Hace poco se publicó el informe de la OMS sobre resistencias bacterianas, os copio un artículo resumen más abajo. Creo que casi todos los que me conocéis habéis escuchado esta charla sobre los antibióticos, espero que cada vez estemos más concienciados y comprendamos que, si el médico no ha pautado un antibiótico, por algo es. También espero que cada vez los médicos expliquemos mejor por qué no pautamos un antibiótico, y los farmacéuticos expliquen mejor por qué no dan ninguno sin una receta. Poco a poco, y entre todos, podemos revertir la situación actual, en la que cada vez hay más bacterias multiresistentes que nos ponen en peligro a todos. ¡Un abrazo!

La Organización Mundial de la Salud ha publicado el primer análisis mundial sobre la resistencia a los antibióticos. Basado en datos de 114 países, el informe ofrece el panorama más general que se ha obtenido hasta la fecha. Las conclusiones son claras: hay resistencia a los antibióticos en todas las regiones del mundo.
La eficacia de los antibióticos ha sido uno de los pilares que nos ha permitido vivir más tiempo con más salud y beneficiarnos de la medicina moderna. Pero ahora, el abuso de estos fármacos está haciendo que se gire la tortilla. Consumimos muchos fármacos directamente, e, indirectamente, a través del consumo de productos cárnicos, por ejemplo, ya que los animales son tratados con antibióticos constantemente.Un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) —el primero de carácter mundial sobre la resistencia a los antimicrobianos, y en particular a los antibióticos— revela que esta grave amenaza ha dejado de ser una previsión para el futuro y es una realidad que puede afectar a cualquier persona de cualquier edad en cualquier país del mundo. Dicha resistencia se produce cuando las bacterias sufren cambios que hacen que los antibióticos dejen de funcionar en las personas que los necesitan como tratamiento contra las infecciones y supone ya una gran amenaza para la salud pública.
“El mundo está abocado a una era post-antibióticos en la que infecciones comunes y lesiones menores que han sido tratables durante decenios volverán a ser potencialmente mortales”, ha explicado Keiji Fukuda, subdirector general de la OMS para Seguridad Sanitaria. El trabajo, que también contiene información sobre la resistencia a fármacos para tratar otras infecciones (como el VIH/sida, el paludismo, la tuberculosis o la gripe), está basado en datos de 114 países y ofrece el panorama más general que se ha obtenido hasta la fecha acerca de la farmacorresistencia.
¿EFICACIA?
El de los antibióticos ha sido uno de los pilares que nos ha permitido vivir más tiempo con más salud y beneficiarnos de la medicina moderna”, añade Fukuda. “Si no tomamos medidas importantes para mejorar la prevención de las infecciones y no cambiamos nuestra forma de producir, prescribir y utilizar los antibióticos, el mundo sufrirá una pérdida progresiva de estos bienes de salud pública mundial cuyas repercusiones serán devastadoras”. El informe señala que la resistencia está afectando a muchos agentes infecciosos distintos, pero se centra en la resistencia a los antibióticos en siete bacterias responsables de infecciones comunes graves, como la septicemia, la diarrea, la neumonía, las infecciones urinarias o la gonorrea. Según la OMS, los datos son muy preocupantes y demuestran la existencia de resistencia a los antibióticos, especialmente a los utilizados como ‘último recurso’, en todas las regiones del mundo.
La resistencia a los antibióticos prolonga la duración de las enfermedades y aumenta el riesgo de muerte. Por ejemplo, se calcula que las personas infectadas por Staphylococcus aureus resistentes a la meticilina tienen una probabilidad de morir un 64% mayor que las infectadas por cepas no resistentes. La resistencia también aumenta el coste de la atención sanitaria ya que alarga las estancias en el hospital y requiere más cuidados intensivos.
El informe revela que son muchos los países que carecen de instrumentos fundamentales para hacer frente a la resistencia a los antibióticos –como sistemas básicos de seguimiento y monitorización– o en los que estos medicamentos presentan grandes deficiencias. Para los expertos, medidas importantes son la prevención de las infecciones mediante una mejor higiene, acceso al agua potable, control de las infecciones en los centros sanitarios y vacunación, a fin de reducir la necesidad de antibióticos. La OMS también llama la atención sobre la necesidad de desarrollar nuevos productos diagnósticos, antibióticos y otros instrumentos que permitan a los profesionales sanitarios tener ventaja ante la resistencia emergente.
Asimismo, la institución apunta que las personas pueden contribuir utilizando los antibióticos únicamente cuando los haya prescrito un médico; completando el tratamiento prescrito aunque ya se sientan mejor; y no dándole sus antibióticos a otras personas ni utilizando los que les hayan sobrado de prescripciones anteriores.
Por otro lado, los profesionales sanitarios y los farmacéuticos pueden mejorar la prevención y el control de las infecciones; prescribir y dispensar antibióticos solo cuando sean verdaderamente necesarios; y prescribir y dispensar antibióticos adecuados para tratar la enfermedad en cuestión.
PRINCIPALES RESISTENCIAS
La resistencia a los antibióticos carbapenémicos, último recurso terapéutico para las infecciones potencialmente mortales por Klebsiella pneumoniae (una bacteria intestinal común) se ha extendido a todas las regiones del mundo. La pneumoniae es una causa importante de infecciones nosocomiales, como las neumonías, las septicemias o las infecciones de los recién nacidos y los pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos. Esa resistencia hace que en algunos países dichos antibióticos ya no sean eficaces en más de la mitad de los casos.
Además, la resistencia a las fluoroquinolonas –una de las clases de fármacos antibacterianos más utilizadas en el tratamiento de las infecciones urinarias por E. coli– está muy extendida. En los años ochenta, cuando aparecieron estos fármacos, la resistencia a ellos era prácticamente inexistente. Hoy día hay países de muchas partes del mundo en los que este tratamiento es ineficaz en más de la mitad de los pacientes.
Por último, en Austria, Australia, Canadá, Eslovenia, Francia, Japón, Noruega, el Reino Unido, Sudáfrica y Suecia se ha confirmado el fracaso del tratamiento de la gonorrea con cefalosporinas de tercera generación, el último recurso terapéutico en estos casos. Diariamente contraen esta enfermedad más de un millón de personas.
 Agencia SINC. 
Fuente:  
http://www.intramed.net/
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