Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

lunes, 23 de junio de 2014

Ciclos vitales femeninos, farmaindustria o cómo convencernos de que estamos enfermas:


En los próximos días, he decidido hacer una serie de artículos sobre la evolución de la mujer a lo largo de la vida. 
En mi experiencia profesional como médico de familia, he tenido la oportunidad de observar que se medican de manera excesiva muchos procesos que, si se analizan detenidamente, son normales y fisiológicos. La avaricia de las farmacéuticas, y nuestra propia desconexión de nuestros instintos y procesos naturales han propiciado que, sobre todo las mujeres, seamos blanco fácil de la publicidad y de la hipermedicación innecesaria, especialmente en los procesos específicamente femeninos, la menstruación, el embarazo y parto, y la menopausia. 
Como mujer, he sufrido esta medicación por un ovario poliquístico, una enfermedad crónica según todos los tratados de ginecología y endocrinología… Una enfermedad crónica que ha sanado mejorando la dieta, haciendo visualizaciones, y reconciliándome con mi propia sexualidad… Tras más de diez años de tratamiento hormonal que no tuvo ningún efecto en el número de quistes ni en la recuperación de la función de mis ovarios.
Puedo ver en parte la mano del patriarcado en estas circunstancias. Cuando hablamos de las madres, y en la experiencia que tengo de acompañar a madres que han deseado parir de manera diferente, me ha quedado clara una cosa: Una mujer que pare es poderosa, luchará por su cría en cualquier circunstancia, y el vínculo que se crea en los primeros momentos tras el parto es tremendamente importante y fundamental para el desarrollo de otros vínculos a lo largo de la infancia y la vida adulta. Quizá por esto todas las culturas guerreras han hecho lo posible por interrumpir a la madre y separarla del niño lo antes posible (para profundizar en esto aconsejo los excelentes libros de Michel Odent, “la función de los orgasmos” y “el bebé es un mamífero”).
Una mujer menopáusica también es poderosa. Cuando está conectada con su cuerpo, cuando se siente bien consigo misma, es una mujer sabia, que tiene guardados los recuerdos del arquetipo femenino, tiene mucho que contar y es capaz de acompañar amorosamente a otras mujeres. Por eso a la sociedad patriarcal le interesa convencerla de que es una enferma. De que “eso que siente” son “desarreglos”, que algo no va bien en su interior, que ya no es útil, puesto que ya no es fértil.
Pero hay otras formas de vivir la menopausia: En las tribus de nativos americanos, había un consejo de “abuelas”, a él pertenecían las ancianas menopáusicas que cuidaban de sus nietos. Ellas decidían si se iniciaba o no una guerra contra otra tribu. No los hombres, las mujeres, pues se consideraba que ellas eran las que mejor podían decidir sobre la vida, pues ellas la traían al mundo.
Creo que nos iría de otra manera si los países “civilizados” adoptáramos la costumbre de los “salvajes” pieles rojas. Pero a nuestra sociedad violenta y a nuestra cultura de la muerte no le conviene escuchar a las ancianas.
Dejo para el final a la doncella, a la mujer fértil, pues sobre ella se abaten multitud de intereses en esta sociedad de consumo. La mujer occidental está obligada a permanecer delgada, joven y hermosa por los siglos de los siglos ( si no quiere ser descartada como ·”anciana inútil”). Su menstruación, aunque ya no sea tabú, tampoco es respetada. 
Y puedo demostrarlo fácilmente: “¿a qué huelen las nubes?”, “con Támpax “no te enterarás” y los demás “no sabrán” que tienes la regla”, “libérate de la menstruación”… todos los mensajes de los anuncios tienen el mensaje implícito de que la menstruación es algo sucio, maloliente, intrínsecamente malo, que hay que esconder a los demás y a una misma. 
Los ritmos femeninos son negados sistemáticamente. Ninguna empresa acepta que muchas de sus trabajadoras, pueden ser más creativas y enérgicas en la primera mitad de su ciclo, que quizá necesitan contención y apoyo, labores más tranquilas o reflexivas en la segunda mitad, y que pueden necesitar un tiempo extra de descanso durante los días de la menstruación, en los que su sensibilidad está aumentada. 
Las mujeres estamos tan condicionadas por nuestra sociedad patriarcal que también olvidamos nuestros ritmos. Nos empeñamos en ignorarlos. Frecuentemente nos enfadamos con nosotras mismas por nuestra “sensibilidad”, que vemos como algo negativo, comparándonos con nuestros compañeros masculinos. También muy a menudo aborrecemos la sangre que menstruamos y tratamos de disimularla con compresas perfumadas (que irritan la vulva y provocan alergias).
Nos decimos a nosotras mismas que somos capaces de ignorar lo que nos pasa. No queremos que se nos trate como “hembras emocionales”, ya que la emoción está denostada y maltratada en este mundo supuestamente racional, equilibrado y lógico.

En el mundo antiguo, la triple diosa era venerada en todas sus formas, se veneraba la inocencia y el poder sexual de la Doncella, la capacidad generadora y la fertilidad de la Madre, y la sabiduría y acompañamiento de la Anciana. Cada una tenía su poder específico, un poder femenino que ningún Dios podía arrebatarle. El judaísmo, el cristianismo y el islam acabaron con esos cultos, y sus facciones  más conservadoras son las que siguen estando en contra de que la mujer tome conciencia de su cuerpo. No soportan que la mujer decida sobre su sexualidad y su fertilidad, porque finalmente esta capacidad de decisión sobre el propio cuerpo, libera a la mujer, y puede dar lugar a que ella recupere su poder femenino y hable de igual a igual con el hombre.
Con estos artículos pretendo dar una visión fisiológica y psicológica de los ciclos femeninos normales. No pretendo escribir un tratado médico, ni psicológico, son más bien reflexiones personales basadas en la evidencia científica actual, de la que muchos médicos, por desgracia, no tienen idea. 
Se suele decir que existen las mentirijillas, las mentiras, las grandes mentiras y que luego están las estadísticas. Podemos maltratar a los números para que nos digan lo que queremos, y así se ha hecho durante muchos años para “crear” la “enfermedad menopáusica”. Por fortuna, los humanos no somos números, y al final la variabilidad biológica acaba derrotando a las estadísticas.
Hace unos años, el Women´s Health Study tuvo una clara prueba de esto, y os prometo que con esto terminará este primer artículo.
Sabemos que las mujeres fértiles tienen un riesgo cardiovascular menor que los varones, que durante años se ha atribuido a un efecto cardioprotector mediado por las hormonas femeninas.
Con la menopausia, el riesgo cardiovascular se iguala con el de  los varones. La industria farmacéutica vio en esto una mina. ¿Y si aportando hormonas femeninas sintéticas a las mujeres menopausias se reducía el riesgo cardiovascular? En pequeños estudios sesgados y pagados por las farmacéuticas, la hipótesis parecía  tener cierta veracidad, y así se publicitó.
Miles de mujeres menopausias en todo el mundo fueron convencidas de que lo mejor para su salud era ponerse parches o tomar hormonas orales. Unos años después se comprobó que la adición de hormonas exógenas no sólo no protegía contra eventos cardiovasculares, sino que podía provocarlos en mujeres sanas. Las mujeres menopáusicas tratadas con hormonas tenían más riesgo de eventos cardiovasculares que las menopáusicas sin tratar.

Esto  no debería haber sido sorprendente. Cualquier médico sabe, sabíamos desde  hace ya décadas, que las dosis de estrógenos que se daban a mujeres fértiles como anticonceptivos, podían provocar trombosis venosas y en algunos casos infartos en mujeres jóvenes, ¿por qué iba a ser diferente en mujeres maduras?
Pero este dato se obvió, convenientemente, y sólo cuando se observó que realmente el riesgo al tratar a mujeres menopáusicas era mayor que el beneficio, se aconsejó abandonar esta práctica. El problema es que el WHS sólo hizo estudios con cierto tratamiento hormonal oral. Parece lógico pensar que las hormonas son hormonas, y que se absorban oralmente, por parches o por anillos vaginales, su efecto cardiovascular probablemente será el mismo…. Pero todavía hay que demostrarlo, por lo que miles de mujeres menopáusicas siguen con tratamientos hormonales… Que como veremos más adelante, en muchos casos no son sólo innecesarios, sino probablemente peligrosos.

Y hasta aquí el primer artículo. Espero que os haya gustado, a lo largo de la semana iré publicando otras reflexiones y dando datos curiosos que deseo que os sirvan para elegir una manera más saludable de vivir vuestros ciclos vitales.


2 comentarios:

  1. Que genial, doc la admiró!!!... Cuando sea médico tendre en cuenta su reflexión

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    1. Gracias, Ezequiel. ¡Hacen falta muchos médicos que se planteen estas cosas! Si estás estudiando, me vas a permitir que te recomiende un libro: Sano y salvo, y libre de intervenciones médicas innecesarias, de Juan Gervás y Mercedes Pérez ( http://libros.fnac.es/a855637/Juan-Gervas-Sano-y-salvo?Origin=GOOGLE) . Creo que te puede gustar...

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