Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

jueves, 10 de octubre de 2013

¿Por qué a los niños no les gusta leer y escribir?

Os copio una estupenda conferencia de Francesco Tonucci, para reflexionar como padres y madres, para reflexionar como educadores de nuestros hijos. ¡A mí me ha encantado! Gracias, Merce, por compartirla.

¿Por qué a los niños no les gusta leer y escribir?
Francesco TONUCCI (*)
Era de noche, una noche ya avanzada. Porque a los lectores nos ocurre que casi siempre
terminamos los libros cuando ya son las finales horas de la noche. No se puede terminar hasta
que no se ha leído la última página.
Estaba leyendo, de esto hace ya unos años, en “La elegancia del erizo” de Muriel BARBERY la
escena cuando Madame Renée, ve entrar en el patio de la casa al joven Jean, un antiguo
drogadicto que vuelve a su casa. La portera casi no lo reconoce porque tenía el recuerdo de
una persona descuidada, sucia y andrajosa y ahora era un joven apuesto, bien vestido y con
elegancia. El recién llegado le dice a la portera:
- Me acuerdo cuando usted plantó estas macetas, pero no recuerdo cómo se
llaman estas flores.
La portera le contesta:
- Son camelias.
En este momento, una lágrima corre por la mejilla del joven y también otra por la mejilla de la
portera. Yo me estaba dando cuenta, de que a mí también se me estaba deslizando otra
lágrima por mi mejilla. Esto es, yo creo, el milagro de la lectura.
Lo que voy a presentarles son unas ideas, unas preguntas, algunos análisis críticos para que los
niños, los niños que acuden a nuestras aulas, puedan tener este privilegio, este regalo de vivir
la emoción de la lectura.
____
(*) Conferencia del profesor Francesco TONUCCI el 22 de octubre de 2011, en el marco del “IV Congrés
d´Educació de l´Alcudia”. Transcripción: Gaspar Izquierdo Ros. Composición de portada e ilustraciones:
Lucía Pérez Garcia-Oliver. En Jorcas (Teruel).

Dice PENNAC que el verdadero placer de la novela es el descubrimiento de esta intimidad
paradójica entre el autor y el lector. La soledad de la escritura invoca la resurrección del texto
a través de voz muda y solitaria. A todo esto, el maestro, el profesor solo es intermediario. Ha
llegado el momento de que se vaya. Esto me ha parecido una metáfora apropiada para
explicar el sentido de la educación. La educación tiene su éxito cuando el profesor consigue
irse porque el alumno ya no lo necesita. El alumno ha aprendido a leer sólo cuando ha sido
capaz de ir a una librería a comprar un libro, se encierra en su habitación y necesita estar solo
con el autor.
La pregunta que propongo como título es una pregunta inquietante:
¿Por qué a los niños no les gusta leer y escribir?
Esto nos afecta muchísimo, porque los padres enseñan a los niños a hablar, y todos los niños y
todas la niñas hablan bien (más o menos). Pero todos se expresan verbalmente. Esto quiere
decir que el aprendizaje familiar funciona. Pero la mayoría de los niños ni quieren leer ni
escribir, ni lo aprenden en la escuela, por lo cual, nosotros, los educadores, hoy en este análisis
estamos llenos de responsabilidades.
Creo que es justo y correcto empezar justamente desde aquí: ¿Cómo se aprende a hablar y
cómo se aprende a escribir?
Un niño habla porque los primeros meses de su vida vive en un mundo de palabras. A veces
parece ridículo lo que dicen las madres, cuando nos cuentan que sus hijos van balbuceando:
- Baaaa…
- ¿Entiendes? Ha dicho que te quiere mucho.
Nos reímos de la mamá, pero la mamá tiene razón. El niño quiere decirnos algo que se parece
a lo que nos dice la mamá a pesar de que no use las palabras correctas. Pero sabe lo que
quiere decir. La mamá es una buena intérprete. Nosotros, los profesores, afortunadamente no
tenemos una metodología adecuada para hacer hablar a los niños, unos materiales didácticos,
unos libros para enseñarle a hablar, porque ello sería un desastre.
Los niños aprenden a hablar porque nosotros hablamos con ellos. Parece ridícula la actitud de
las madres cuando están con sus hijos de pocos meses y les hablan como si fueran adultos.
Ejemplo:
-Ahora preparamos la comida para papá que llegará muy cansado. Pobrecito.
Preparamos esto y esto...
Aunque creamos que el niño no lo entiende comprende lo más importante: que su mamá está
hablando con él. Está hablando en serio, no como si estuviera loco o tonto. No.
-Vamos a preparar la comida a papá porque va a venir cansado.
El niño está mirándola. Y esto es el mundo de palabras dentro del cual entra el niño y
comprende que vale la pena hablar. Ve la manera en que llegará a poder actuar como su papá
y su mamá. Y llega un momento que salen, aparecen, las primeras palabras. ¿Cómo serán?
Como puedan.
Pensad cómo sería que un adulto, papá o mamá, frente a un niño, cuando éste dice: "maaa” le
da un bofetón diciéndole:
- Esto no se dice así, se dice “mamá”.
Creo que los niños no aprenderían a hablar. Estaríamos en un mundo de afásicos, de mudos
selectivos, de niños que reaccionarían diciendo: "¡No vale la pena!".
Lo que hacemos afortunadamente y naturalmente, es todo lo contrario. Cualquiera que sea la
manera como se exprese el niño, el adulto celebra la primera palabra: “¡Ha dicho mamá!, ha
dicho papá, ha dicho… “. El niño así apreciado tiene mucho empuje para seguir aprendiendo.
Lo que a mí me ocurrió cuando vine a España por primera vez fue que me apreciaron tanto, me
quisieron tanto, que decidí hablarles en su misma lengua. Y por el placer de vivir junto a
personas que me estimaban fui mejorando el castellano poco a poco. Dicen que ahora lo hablo
bien y si esto es verdad es porque nadie me lo pidió.
Aquí hay una persona que me oyó cuando hablaba italiano. Los primeros años me expresaba
en italiano y las personas que me oían estaban encantadas de escucharme. Nadie me pidió que
hablara en castellano. Todos me entendían, pero decidí aprender la nueva lengua para mí
porque me mimaban mucho. Estas dos condiciones aplicadas a la educación serían una
maravilla y les aseguro que funcionan perfectamente. Por lo cual, sería ridículo corregir a un
niño porque se expresa mal cuando está aprendiendo a hablar, pero es exactamente lo que
hacemos la mayoría de los maestros con los niños cuando empiezan a aprender a escribir.
Enseñamos a escribir a los niños no importa qué, para nadie, pero correcto. Exactamente lo
contrario de lo que le ocurre a un niño que empieza a hablar que es: “No importa cómo pero
comunícame, ponte en contacto conmigo pero no importa cómo”.
(Muestra una diapositiva de caligrafía)
Esta es una página antigua. Tiene más de cuarenta años. La muestro sólo para que pensemos y
estemos tranquilos de que es antigua. Es una muestra de escritura en que cada vez es más
ininteligible.
Detrás estaba la idea de que repitiendo se aprende, o se consolida un aprendizaje.
Ved la primera " i " minúscula. La escribe la maestra. Se observa cómo a medida que el niño
va repitiendo la muestra se va alejando del modelo inicial. Hay un momento en el que el
puntito desaparece. ¿Será porque el niño pensará que el puntito puede ser un error de la
maestra? Y al final es como un dibujo, con su dignidad, pero sin relación con el original.
Con las mayúsculas todavía se aprecia mejor. Al final la " T " mayúscula parece como un
auricular o algo así. Las diferencias con la anterior están en que esta página nueva es de un
tamaño mayor y que no tiene más de tres años. No me esforcé mucho buscándola, porque la
encontré en mi casa. Es del hijo del compañero de mi hija… A Martino le tocó llenar páginas
de " T”. Ahora se usa un cuaderno grande y por ello caben muchas más.
Y nos planteamos la siguiente pregunta:
¿Por qué hacemos estas cosas?
Se trata de nuestros errores educativos.
La lectura casi siempre es la propuesta para hacer otra cosa. Leer por leer, casi no existe en la
escuela. Dice PENNAC que leer gratuitamente no se conoce.

Una anécdota muy interesante:
Estábamos trabajando con niños del Consejo de Niños de Roma. Eran niños de Primaria y
estábamos tratando el tema de “los deberes”. Yo soy y he sido un enemigo acérrimo de los
deberes y estoy luchando desde hace tiempo contra ellos porque no sirven, molestan, no
producen mejoras, etc. Los niños estaban escribiendo una carta abierta dirigida a los maestros
de Roma pidiéndoles que respetaran el derecho de los niños al juego, para lo cual deberían
dejar de ponerles deberes por lo menos los fines de semana y las vacaciones, para que
pudiesen disfrutar de tiempo para ellos mismos.
Cuando estaban escribiendo todo esto les dije que sería muy bueno proponerles a los
maestros que, en caso de no hacer los deberes estarían dispuestos a hacer otras cosas para
que no diese la impresión de que lo que no querían era trabajar. Les sugerí que podríamos
escribir una serie de cosas que los niños podrían hacer en lugar de los deberes. Para mi
sorpresa, la primera propuesta fue si podrían leer libros. A continuación levantó otro niño la
mano y dijo:
-Sí, pero sólo leer.
Yo escribí un artículo en la revista "Cuadernos de Pedagogía" diciendo que esta era la frase
más dura que había oído contra la escuela. Porque este niño con cara de listo pensó: "Ahora le
digo una cosa que nunca podrá pasar". Porque claro, leer y nada más no interesa a nadie.
Porque proponer un libro y sólo leerlo es como plantear algo imposible. Esto es lo que los
niños piensan de nuestra escuela por lo que la lectura es una propuesta para buscar palabras
difíciles, para utilizar el diccionario, para hacer un resumen, para llenar fichas, etc.
Me acuerdo que mi hijo menor que tenía una maestra muy valiente un día me dijo:
- No voy a ir más a la biblioteca a sacar libros.
-¿Y eso por qué?- le pregunté. Y me contestó:
- Porque llevarme un libro supone hacer una ficha.
Siempre la lectura está asociada con un deber. La idea de que pueda gozar, disfrutar con la
lectura es ajena al espíritu de la escuela.
En Italia, desde los primeros cursos de primaria, los niños tienen libros de lectura, que son una
colección de cuentos, trozos de literatura adecuados a la edad de los niños. Estos libros van
cambiando conforme la edad. En los últimos cursos y en el Bachillerato, lo que tienen que leer
son antologías, que persiguen la misma idea.
Voy a poner un símil:
Estamos en la sala de espera de una estación de ferrocarril y vemos que hay veinte o
veinticinco personas leyendo mientras esperan el tren. Observamos y nos parece extraño que
todos estén, todos, leyendo el mismo libro. Pero nos asombramos más y nos parece que
estamos contemplando una película de terror al ver que todos están leyendo la misma
página… Esto es lo que ocurre todos los días en la clase: “Para mañana tenéis que leer de la
página 10 a la 14". Pero lo más ridículo es que, cuando mañana vayan a la escuela, el maestro
le diga a María:
- Cuenta a tus compañeros lo que leíste en casa.
¡Lo han leído todos! Si salimos de una película, sería absurdo que uno le dijera a otro:
- ¿Me la cuentas?
De aquí nacen algunas propuestas. Son propuestas comprometidas.
La primera es que los alumnos deben encontrar maestros que leen.
Dicen los maestros que no tienen tiempo y lo comprendo. Casi siempre los maestros son
maestras y frecuentemente no tienen sólo el oficio de maestra. Tienen la familia, tienen
marido, a veces ancianos… En fin, tienen un montón de cosas. Lo entiendo, pero si el maestro
no lee y no le gusta leer, no puede enseñar a leer. Es así. Transmitirá a sus alumnos la
dificultad de leer. Una persona que tiene ganas de leer o necesita leer, a pesar de todo lo que
tiene que hacer, no deja de leer.
Sobre esto, las escuelas formadoras de maestros tienen una labor importante. Encontrar
maestros que sean lectores. Buenos lectores. Lectores con hambre de lectura.
Otro aspecto a considerar:
Cuando yo era pequeño, la escuela era para pocos. La enseñanza primaria la empezaban casi
todos, pero la mayoría la dejaban a los pocos años y seguían en la escuela sólo los hijos de
algunas familias que podían garantizar las bases culturales sobre las cuales la escuela podía
construir propuestas. Podríamos decir que la escuela era el complemento de la formación
familiar. Estos niños, respecto a la lectura que es nuestro tema de hoy, observaban cómo sus
padres leían frecuentemente, bien por placer o por exigencias de su trabajo. Y tenían la
costumbre de escuchar la lectura que en voz alta hacían sus padres antes de acostarse.
La lectura de un libro acompañaba al niño cuando se iba a dormir.
La mayoría de los niños que acuden a nuestras escuelas hoy no disfrutan de esta experiencia.
En primer lugar, porque las familias que tenían estas características son una minoría. Y
también para estas familias hoy es difícil, porque para poder leer hay que apagar la televisión
y esto sería un castigo. Porque la lectura, al contrario, debe ser un regalo. Por ello, adquirir un
compromiso muy importante sería proponer desde la escuela infantil hasta el Bachillerato la
lectura en voz alta, hecha por adultos bien preparados.
PENNAC cuenta de una manera estupenda en su conocido libro "Como una novela", como él,
que era muy mal lector en la escuela, al convertirse en profesor de Bachillerato, hacía lectura
en voz alta con sus alumnos. Esto pienso que debería ser obligatorio.
Voy a poner un ejemplo:
Estamos en una escuela infantil con niños de 3-6 años. Todos los días sin excepción podrían
dedicarle un cuarto de hora a la lectura, no más. Podemos poner un despertador. El maestro o
la maestra leen un libro, no un cuento que termina el mismo día. Nos referimos a un libro que
su lectura pueda durar entre veinte y treinta sesiones. Todos los días retomarían el libro
durante el tiempo estipulado.
Los niños dicen: "Por favor, que no pare". Pero tenemos que parar. Porque hay que enseñar a
esperar a que mañana, a la misma hora, continuemos con este libro que nos está fascinando
tanto. Tenemos que construir la espera. Tenemos que construir la experiencia de la escucha,
porque leer hoy con la colaboración de la televisión, en la que todo nos llega por imágenes,
¿Qué sentido tiene leer una página?
La escuela es un lugar donde hay libros. No es casual, que en las buenas escuelas infantiles, en
cada aula está el rincón de los libros. Casi siempre es un lugar donde hay cojines y almohadas,
pensando que la lectura no necesariamente se hace en una mesa con una silla. Esto de las
posturas es también un tema importante: Vivir la escuela de forma distinta dependiendo de la
actividad que estemos realizando.
El niño entra en la escuela y encuentra los libros. Los libros de distintas características. Libros
que se pueden mirar sin saber leer. Libros que se pueden pasar y pedir al adulto ayuda para
que nos los lea o libros que pueda leer él por si solo en el momento oportuno.
La escuela debería tener una biblioteca.
A mí me gusta pensar que es más eficaz un librero que un bibliotecario. Muchas veces, las
bibliotecas tienen un fichero. Para alcanzar un libro tenemos que pasar por un instrumento, es
decir, una ficha. A cada libro corresponde una ficha en la que está el nombre del autor y el
título que muchas veces no corresponde con su contenido.
El librero sabe que si en su librería creara un fichero, su tarea sería más tranquila. Podría ser un
lugar reducido, con un fichero electrónico,… Pero el librero sabe que para poder vender tiene
que poner libros en las manos del cliente. Un librero sabio permite coger el libro y, si quieres,
leerlo. Se dirá que así no vende. Sí que vende, porque va conquistando lectores. Hay quien va a
la librería y se sienta leyendo un libro. Al librero no se le ocurre decirle que como ha leído diez
páginas pague una parte de su precio. Así se construyen lectores.
En cambio, el bibliotecario muchas veces tiene miedo a que los libros se estropeen, por lo cual
los tiene lejos, cerrados con llave. En el modelo de la librería, los libros están a la altura de los
niños. Los pueden tocar. En Estados Unidos, las bibliotecas tienen un fondo económico para
reponer los libros deteriorados.
Se dice que los niños roban libros. No es que esté de acuerdo con ello, pero mejor que se
roben que no se lean. Lo importante al final es que los libros se lean y nada más.
Sobre el tema del libro de lectura, la propuesta que he hecho en repetidas ocasiones en Italia
sería lo contrario a lo que se hace habitualmente, que todos los niños leen el mismo libro (el
tema del libro de texto es más complicado).
Proponemos, tanto si el dinero para lectura es un dinero oficial que va al maestro o si son los
padres los que lo pagan, ponernos en contacto con el librero que está más cerca de la escuela.
Pienso que estaría bien convencer al librero cercano a la escuela que asumiera la tarea de
realizar un taller de lectura en su librería con la ayuda de un maestro. Una vez al mes, cada dos
meses… Por la mañana en las librerías hay muy poca gente, por lo que no sería difícil tener esa
posibilidad. Llevar a los niños a que vean los libros, que toquen los libros, que vean que hay
muchos tipos de libros… El librero puede ayudar a explicar que hay mucha variedad de libros.
Cuando los niños conocen bastante los libros, proponemos que dentro de un precio estipulado
puedan elegir un libro diferente. Con este truco, volvemos a la clase con 25 libros distintos.
Cada niño lee el libro que ha elegido y si quiere puede comentarlo con el resto de compañeros
de la clase. Esto tiene un sentido porque es el único que lo ha leído, porque cada niño ha leído
un libro diferente.
Puede decir:
-Este libro no me ha gustado nada.
Así orienta a los otros niños a que no lo lean: "Me equivoqué."
Otro, por el contrario, puede decir del libro que ha leído:
-Me encanta por esto o por aquello…
De esta manera a lo largo de 6 años completan una biblioteca de 150 libros. Pensar que los
niños de una clase desde primero a sexto de Primaria han podido leer, no necesariamente 150
libros, es como mínimo, interesante.
Aunque es tarea difícil, convendría volver a los padres y reconducirlos, sin culpabilizarlos,
invitándolos a regalar libros. Hoy estamos destrozando la infancia de nuestros hijos
llenándolos de juguetes, abusando de regalos. Pensar que un libro puede ser un buen regalo es
una idea a tener en consideración.
Termino con unas experiencias:
La primera es una experiencia de una profesora de Madrid amiga mía, que invita a los niños de
quinto y sexto de primaria, a ir a leer libros a niños de infantil. En un video que tuve la ocasión
de visualizar, se contempla en la cara de los alumnos más mayores el orgullo y la satisfacción
de estar leyendo y al mirar la cara de los niños pequeños, se nota su deseo de llegar a ser
como los grandes y aprender rápido para saber tanto como ellos. Con este tipo de actuaciones
el éxito está asegurado.
Otra experiencia es la de Regio Emilia en educación infantil. Por supuesto que es una etapa en
la que no se exige saber leer y escribir. Los maestros han pedido a los padres que confeccionen
buzones de madera y cada niño tiene el suyo. Los niños pueden utilizar el buzón para
intercambiar cartas de amor.
Esta es una carta para Anniese, que ahora ya es mamá, cuando tenía cuatro o cinco años.
Luca es un niño que no sabe escribir y le pide a Carla que le escriba una carta para Anniese, de
la que está enamorado. La carta es casi ilegible. Viene a decir:
"Querida Anniese: Me soy demasiado enamorado de ti. Pero algunas veces tú me haces
enfadarme, porque juegas con otros. Yo no lo quiero. ¿Con quién juego yo? Yo no puedo
nunca separarme de ti. Mañana me caso contigo. Muchos besos de Luca" (También pone su
apellido).
Anniese sabe escribir y contesta:
"Querido Luca: No puedo casarme contigo en ese día que tú dices, porque soy demasiado
pequeña. Y después pienso que no me voy a casar nunca porque no me gusta. Yo juego
contigo, pero por favor, no me gustan estos besos que son muchísimos. Quiero muchos
menos. Un día te invito en mi casa. Escríbeme de nuevo y yo te contesto."
Esto es la magia. Esto es el éxito. De una manera lúdica, afectiva y cariñosa, estos niños han
entrado en la escritura.
¡Gracias!

COLOQUIO.
Primera pregunta:
¿Qué nos puede decir de las nuevas tecnologías aplicadas a la lectura?
Contestación:
Sé muy poco de las nuevas tecnologías y la lectura. Como ejemplo les diré que no tengo
móvil. Debe ser un problema derivado de la edad. Pero sí quiero hacer algunas reflexiones en
cuanto a la relación entre el mundo real y el virtual, así como al trabajo en casa con ordenador.
Las experiencias de trabajo en casa con ordenador nos dicen que las personas necesitan salir
de casa. Salir supone encontrarse con personas, vivir la ciudad. Por otro lado obligar a que
marido y mujer compartan las 24 horas del día juntos y todos los días no sé quien lo puede
resistir. Y en cuanto a los jóvenes, me da miedo que los ordenadores sustituyan a la
socialización real.
Hay edades en las que tocarse, ensuciarse, correr, pelearse, es necesario. Probablemente las
nuevas generaciones no tengan tantas necesidades de tocar los libros, de manipularlos, de
olerlos, como para nosotros que son sensaciones absolutamente normales. No podemos
olvidarnos que analizamos este tema desde personas mayores.
Conozco un hecho que se da en Japón en más de un millón, exclusivamente de hombres
comprendidos entre 14-30 años, que no salen de su habitación, no de su casa, de su
habitación. Viven encerrados en su habitación, alimentados en su habitación y financiados por
sus padres porque no estudian ni trabajan. Han dejado el mundo real por un mundo virtual.
Esto me da miedo. Yo como padre no dejaría que esto le pasara a mi hijo. ¡Los que quieren
comer en su habitación sencillamente, no comen!
Aunque la cultura japonesa es distinta y permite cosas como ésta, en nuestro mundo
occidental cada vez hay más niños que rechazan salir a la calle por quedarse a jugar en casa
con su videojuego. Y esto, como decía me está preocupando.
Voy a contarles una anécdota que presencié personalmente.
Varias familias fueron a pasar un día en el campo y mientras los padres hablan, se mueven de
un lado para otro, los tres hijos están absortos ante la pantalla de su videojuego. Esto ocurrió
en una casa de montaña rodeada de castaños y mucha vegetación. Me impresionaros estos
tres chicos y yo a esto le llamé “socialización”. Se parece bastante a la escena comentada
antes de la lectura en la estación. Lo que no sé es si los tres están con el mismo juego, lo que
todavía es peor o que a lo mejor se están comunicando entre ellos.

Segunda Pregunta:
Soy una profesora de infantil y me preocupa cada vez más que las aulas de infantil se parezcan
más a las aulas de primaria.
Muchas de las actividades que se hacían en infantil están desapareciendo. Con los niños
hacíamos la asamblea y jugábamos en el suelo, compartíamos la biblioteca y los libros, etc.
Ahora parece que es más práctico hacer fichas para aprender la lengua, la escritura mecánica.
Buscamos la rentabilidad. No nos gustan los caminos lentos, preferimos ir por la autopista.
Igual pasa con los trenes, los queremos de alta velocidad. Pero lo cierto es que cuando
nuestros alumnos llegan al Instituto han fracasado. Parece ser que coger el tren de Primaria si
es posible a los tres años mejor que a los seis. Y tengo miedo.
Contestación:
Es de notar que en los “rankings” de los distintos países, la escuela primaria que mejor funciona
es la noruega, y ¿sabéis cual es su particularidad? Pues que la escuela empieza a los siete años.
Adelantar las etapas siempre es equivocado. Nosotros sabemos que los niños y las niñas,
mejor dicho las mujeres y los hombres, viven los mejores años de su vida en los primeros años.
Fue FREUD el que contestando a la periodista que le preguntó que cuál había sido el mejor
año de su vida, contestó que sin ninguna duda fue el primero. Los que estudian el desarrollo
infantil dicen que cuando el niño entra por primera vez a la escuela el 80% de sus
potencialidades ya se han desarrollado. Todo ocurre antes. Por ello la escuela más importante
entre todas las que podamos ofrecer es la infantil. Hacer que la infantil se parezca a la primaria
es lo peor que podemos hacer. Y lo mismo si hacemos que la primaria se parezca a la
secundaria.
Lo lamentable está en que la curva del desarrollo del niño se destapa a los siete años y dice
que cada punto de la escala está más alto que el que le precede y a su vez más bajo del que le
sigue. Por ello vienen a decir que lo importante ha de venir después. En base a esto, cada nivel
prepara para el que le sigue. La infantil tiene que preparar para la primaria; la primaria para la
secundaria; la secundaria para el bachiller.
Y casi siempre los maestros de un nivel están preocupados por lo que pensarán los
compañeros que vendrán después y enfadados con el trabajo que hicieron los que les
precedieron. Esto es una estructura totalmente equivocada.
En las evaluaciones internacionales, en Italia por poner un ejemplo, la escuela infantil está
entre las mejores del mundo. Tenemos una escuela primaria aceptable. Y la secundaria y el
bachillerato al mismo nivel que Tanzania. Esto supone destruir una cultura.
La curva correcta explota en el mismo nacimiento. Ello comporta que todo lo importante ya
ocurrió.
La cuestión no está en preparar lo que sigue sino en garantizar lo que precede. Nuestra
sociedad es tan ignorante que desconoce estos hallazgos de la ciencia y sigue valorando a la
escuela infantil como la que menos cuenta. Da a los profesores de infantil un sueldo más bajo
que a los profesores de universidad, y con muchas más horas de trabajo. Estamos totalmente
equivocados. Respecto al desarrollo de las personas, la educación más importante es la de los
primeros años. Hay que denunciar que cuando la escuela infantil se va pareciendo cada vez
más a la primaria, es que la educación se está empobreciendo.
Hace tiempo que propongo, que si es así que la educación infantil es buena ¿por qué no
analizamos lo que ocurre en ella y tratamos que los otros niveles se le parezcan? No se trata de
infantilizar la enseñanza primaria ni la secundaria, pero sería deseable que analizando los
mecanismos que en ella funcionan bien, se aplicaran a los otros niveles educativos.
Creo que las maestras y los maestros de infantil deberían rebelarse ante el chantaje,
indignarse y seguir en ello. Esto significa muchas cosas como ayudar a las familias a que esto lo
entiendan, porque hay muchas familias que creen que es mejor la otra escuela infantil.
Tenemos que debatir con nuestros compañeros de primaria para llegar a una programación
compartida.
Ya sé lo complicado que es lo que propongo. Tenemos que discutir con los políticos para que
entiendan todo esto.

Tercera Pregunta:
¿Cuáles son las claves?
Contestación:
Estoy convencido de que el aprendizaje debería se fácil, atractivo e interesante. Pero no es que
yo lo desee, es que es así o no es.
Los buenos maestros han sido desobedientes. Siempre he pensado que no se puede mejorar la
escuela con leyes. No podemos obligar a un mal maestro a que sea bueno con una buena ley. Y
una mala ley no obliga a un maestro bueno a hacer una mala escuela.
Mario LODI, que va a cumplir los noventa años, hizo una buena escuela con leyes viejas y
criticadas por todos. Hace más de cuarenta años que estoy siguiendo la historia de la escuela
italiana. Con esta perspectiva ha visto cambiar la arquitectura, la disciplina, los libros de texto,
la propia organización de la escuela, los programas… ¡Lo único que no cambia es la escuela!
Martino sigue haciendo páginas de “T”, cuando esto debería estar prohibido. El maestro de
Martino debería ser cesado, porque está totalmente en contra de los textos oficiales de los
programas ministeriales. Pero vuelve la idea de que esta vieja escuela es la buena escuela. Son
buenos maestros éstos que son rígidos.
Como propuesta para no enloquecer, propongo reflexionar y tender hacia una escuela como la
de Célestin FREINET, un pedagogo que para nosotros fue un gran maestro.
La metáfora para decidir cómo debería ser la escuela es el TEXTO LIBRE.
¿Qué significa texto libre? Este maestro (Freinet), que rechazó jubilarse después de la Primera
Guerra Mundial de la cual salió herido y tísico, con la posibilidad de hablar diez minutos cada
mañana en una clase entre 47 y 49 chicos entre 4 y 16 años, no tuvo más remedio que inventar
un método educativo en el que el maestro hablaba muy poco y en cambio trabajaban los
alumnos. Con la propuesta de que los mayores enseñan a los menores encontró un
instrumento para gran satisfacción de todos.
El texto libre se basa en que el maestro dice: “Si a vosotros os ocurre algo importante desde
que salís de la escuela hasta que volvéis, y pensáis que también es importante para vuestros
compañeros, si queréis podéis escribirlo brevemente y llevarlo a la escuela. Si lo lleváis a la
escuela vamos a trabajar sobre ello”.
La propuesta es que aquí está la escuela pero fuera está vuestra vida.
Por eso estoy en contra de los deberes, es un abuso. Es la invasión de un terreno en un tiempo
que no es nuestro. Y para nosotros es sumamente importante que los niños lo vivan como
quieran, porque van cargando energía y materiales para devolverlos a la escuela, por ello dice
el maestro:
“Cuando salís de la escuela yo no entro, pero os pido que si os ocurre algo importante, no nos
interesa todo, tiene que ser importante para vosotros y para vuestros compañeros, lo traigáis
a la escuela”.
Me acuerdo que mi hija la segunda, tenía una maestra muy conectada con el MCEI
(Movimiento Cooperativo de Escuela Italiana) que le dijo un día que hiciera un texto libre. Ella,
que tenía entonces unos siete años, estaba pensando y decía:
-No, esto no porque ya lo saben todos.
Vi que entraba bien en esto del texto libre, porque si lo que voy a decir ya lo saben entonces
no sirve. Debe ser importante e interesante para todos.
También hay un criterio de libertad. “Si queréis”. Es como decir que escribirlo es un privilegio.
Puedes hacerlo o no. Si lo traes trabajaremos sobre él, pero si no, no importa. Claro que el
maestro espera que sean pocos los que no lo lleven.
Es todo lo contrario a los deberes. Los deberes como “¡Escribid diez frases sobre mamá!” nos
aseguran que mañana tendremos 250 frases que no significan nada, son tonterías: “Mamá es
buena”. “Mamá es bella”. “Mi mamá es…”. A nadie se le pasa por la cabeza escuchar 250
frases así. Y para hacer ¿qué? Nada.
La indicación metodológica es escribir no importa qué, para nadie, ocupando prácticamente el
tiempo libre de la tarde.
En el caso del texto libre, los niños llevan a la clase cuatro o cinco textos cada día y sobre ellos
podemos trabajar.
Voy a participar en la celebración de SESENTA años del MCEI (Movimiento de Cooperación
Educativa Italiano), que nació en 1951, exactamente en la ciudad de FANO. Allí nació también
“La ciudad de los niños”. Me han invitado a que haga una intervención y el título que he
propuesto es “El texto libre ya no es posible”. Lo explicaré:
Hoy les falta tiempo libre a los niños. Cuando hablo con maestros me dicen que los niños de
hoy no cuentan nada. Y claro, si su tarde la pasan en lugares organizados por los mayores,
donde viven su experiencia de cursos y cursillos de gimnasia, guitarra, inglés, fútbol… frente a
un profesor o entrenador o bien lo pasan frente a una pantalla en casa de televisión o Internet,
son experiencias que viven junto adultos o que ven también sus compañeros. Si piensan que
lo tienen que contar en la clase dirán: “¡Si esto ya lo saben!”. Por ello no vale la pena contarlo.
Para hacer textos libres y llevar a la escuela materiales ricos que puedan trabajar, hace falta
tiempo libre. Para que ello sea posible, hay que dar un paso atrás por parte de la familia,
ocupando menos el tiempo de las tardes de los hijos y regalarles menos juegos. También es
necesario un paso atrás por parte de la escuela renunciando a los deberes. Y un paso atrás por
parte de la ciudad, que dedique espacios separados para que los niños puedan jugar
libremente y seguros donde puedan volver a tener sus propias experiencias de la tarde.
Pero los padres piensan: “Si no van a clases o a cursos ¿qué hacen?” Y los profesores piensan:
“Y si no hacen deberes ¿qué hacen estos niños toda la tarde?” Y la ciudad dice: “No os
preocupéis porque a los niños los recibo yo acogiéndolos en las aceras, en las plazas y en los
jardines, donde igualmente los adultos no podrán utilizar estos espacios para aparcamientos”.
Esto crea un conflicto, porque el alcalde tiene que elegir con quién está.
Cuarta pregunta:
El Inspector de Educación Iñigo Benítez, más que una pregunta, quiere aportar unas breves
reflexiones al hilo de lo apuntado por el profesor TONUCCI:
Estoy convencido de que lo más fácil es dejarse llevar por la rutina escolar, la rutina de los
libros de texto, de los horarios, de las programaciones, de la modernidad… y que lo difícil es
rebelarse. Creo que ha llegado el tiempo de rebelarse, porque tenemos en nuestras manos la
capacidad legal, personal y profesional de llevar adelante aquello que sabemos qué es lo mejor
para la educación de nuestros alumnos.
Podría contar muchas experiencias positivas de renovación en la línea apuntada, aquí, en
nuestro propio entorno de La Ribera. Pero parece como si el profesor renunciara a ejercer la
capacidad que tiene de organizar su propio trabajo.
Hemos tenido en España estos últimos años seis leyes orgánicas de educación y
previsiblemente pronto tengamos la séptima. Estoy convencido de que está en nosotros, en
nuestra capacidad de elección, realizar la escuela que deseamos desde nuestra conciencia y
nuestra libertad.
Continúa el profesor TONUCCI:
Desde mi larga experiencia, dada mi edad, nunca conocí a un maestro que fuera a la cárcel
por no haber cumplido con el currículo, ni que fuera expulsado de la escuela y menos si era un
buen maestro.
Quiero concluir contando una historia verdadera: “La historia de los grillos de Flora”.
Es interesante notar cómo la vida de los científicos más eximios pasa por trabajar en algo muy
pequeño. En cambio la formación de los niños pasa por enseñarles todo el mundo y todas las
ciencias.
Flora es una maestra, que sigue existiendo y que vivía en la periferia de Roma. Trabajaba en
una escuela en pleno campo en las afueras de la ciudad.
Estando el Primero de Primaria un día salió al campo con sus alumnos y cogieron varios grillos
que llevaron a la clase. Prepararon una jaula con la intención de ponerlos en libertad después
de criarlos y observarlos.
En aquel momento yo tenía un taller de Ciencias Naturales en compañía con una colega que
era bióloga.
Flora, la maestra, vino a hablar con Silvia la bióloga para que le informara sobre los grillos para
preparar un microclima adecuado y que pudieran permanecer en la clase de la forma más
adecuada.
La experiencia fue tan positiva que los grillos permanecieron en la clase durante varios meses,
e incluso llegaron a reproducirse en cautividad. Ello animó mucho a los niños y empezaron a
hacer cada vez preguntas más sofisticadas. La maestra cada vez estaba más desesperada
porque no tenía capacidad para contestarlas.
Flora acudía con mucha frecuencia consultar a Silvia detalles, bibliografía, etc. Hasta que un día
Silvia le dijo que conocía a un profesor especialista en la Universidad de Padua que le podría
ayudar. Y así empezó una correspondencia que continuó en 2º, en 3º… -porque los grillos
seguían criándose en la clase- entre los niños escribiendo al profesor y el científico
contestándoles. Cuando llegaron a 5º, que en Italia es el último curso de Primaria, Flora nos
mostró una carta de este científico en la que dice que en la última carta, las peticiones de los
niños plantean preguntas que no aparecen en la literatura científica sobre los grillos.
Cuando cuento esto, siempre me viene un escalofrío a la espalda, una conmoción. Y siempre
pregunto: ¿Hay alguien que pueda atreverse a decir que esta clase no ha cubierto la
programación? ¿Estos niños han trabajado poco en ciencias? Se ocuparon sólo de grillos, pero
fueron científicos, aprendieron a trabajar científicamente. Esto sí que les va a valer para toda
la vida. Saber de todo un poco probablemente no sirva de nada.
Esto es un ejemplo interesante de cómo una maestra puede asumir la responsabilidad de no
tener demasiado en cuenta el currículo, pero sí la seriedad y el valor de la cultura de sus
alumnos.

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