Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

lunes, 1 de julio de 2013

Los niños y la sexualidad, apuntes de la conferencia de Yolanda González (Conociendo a nuestros hijos, 25/5/2013)

¿Qué es la sexualidad? En nuestra sociedad, confundimos a menudo sexualidad con genitalidad (relación sexual con penetración o implicación de los genitales). Pero la sexualidad es un concepto mucho más amplio, que tiene que ver con nuestra personalidad, con lo que somos desde antes de nacer, con el placer y el sentimiento que nos produce dicho placer. El problema es que nuestra sociedad ha mercantilizado el sexo y la relación sexual, no se vive de manera natural ni se estudia el impacto que el impulso sexual tiene en la salud.
 Todos somos seres sexuados, todos tenemos deseo sexual y todos necesitamos satisfacer ese deseo sexual de una u otra manera. La búsqueda del placer es algo innato a nosotros, ya que las cosas que nos son placenteras son también las que sirven para nuestra supervivencia (desde conversar, hasta comer, y por supuesto, también la relación sexual con penetración, fundamental para perpetuar la especie).  
La sexualidad tiene que ver con los sentidos, hay infinidad de actos sexuales NO GENITALES. 
Tenemos que comprender que una conversación, una comida agradable con otra persona, un beso en la mejilla, todo aquello que nos produce placer ya sea solos o acompañados, es SEXUALIDAD, son RELACIONES SEXUALES. 
El bebé intraútero es un ser que se mueve por impulsos de placer y displacer, tanto propio como de la madre, es un ser ABSOLUTAMENTE SEXUAL.  El deseo sexual nos recuerda que estamos VIVOS, el sexo es fundamental en la visión INTEGRAL de la salud (física, psíquica, emocional y social).

Al haber vivido en sociedades que han reprimido el impulso sexual hasta hace bien poco, nos cuesta hablar libremente de la sexualidad. Actualmente parecería que la sociedad es muy permisiva con la sexualidad, en la televisión, en  las revistas, en las vallas publicitarias, se habla y se ven constantemente escenas de sexo explícito, hay muchísima información sobre enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, contracepción… pero no hay una auténtica FORMACIÓN, no se habla de CÓMO SE SIENTE la sexualidad, no se habla de amor ni de cariño, es una sexualidad manipulada por los medios de comunicación y utilizada para vendernos cosas (desde coches hasta perfumes, e incluso lavadoras!!).

Para explicar la sexualidad a los niños, lo fundamental es nuestra actitud.
 Necesitamos vivir la sexualidad con NATURALIDAD, ¿cuántos aceptamos la sexualidad infantil? ¿cuántos aceptamos que somos seres sexuados desde que madura nuestro sistema nervioso central (siendo fetos, en el útero de nuestra madre), hasta que morimos? ¿cuántos aceptamos que TODO AQUELLO QUE NOS DA PLACER ES SEXUALIDAD?

A principios del siglo XX, ni la sexualidad infantil ni la femenina se consideraban, el hombre era el único ser sexual, y la sexualidad era algo peligroso que debía reprimirse, castigarse, negarse…
Fue Freud el que descubrió que no sólo la sexualidad infantil y la femenina EXISTÍAN, sino que fue el primero que postuló que para el buen funcionamiento del ser humano, una satisfacción sexual era INEVITABLE. Descubrió que la sexualidad formaba parte de la personalidad, era una forma de sentir el cuerpo que daba placer, y aún más, era un INSTINTO BIOLÓGICO, similar al comer y al dormir. NATURALMENTE, nos acercamos a aquello que nos da placer, y nos alejamos de aquello que nos produce dolor. Es lógico y natural que un niño se acaricie, que se toque a él/ella mismo/a y a los demás, que se masturbe.
Este instinto natural, sano y esencial, es moldeado CONSTANTEMENTE  por la sociedad, que según sea de permisiva, lo patologiza, lo reprime o lo manipula, convirtiéndolo en una pulsión. Todo instinto tiene diques y cauces naturales, como los ríos, y como los ríos, cuando se represan, se contienen o se reprimen, DESTRUYEN.
La función del orgasmo es doble: Primero producir placer, pero secundariamente tiene una función de autorregulación energética, por lo que su represión puede provocar síntomas físicos (como muy bien describió Freud). De ahí que sea fundamental para la salud el tener  la capacidad de sentir orgasmos, ya sea provocándolos nosotros mismos (masturbación) o a través de la relación con el otro. Por supuesto, existe la sublimación de la sexualidad, y el éxtasis espiritual, pero es mucho menos frecuente de lo que nos cuentan, y si se aceptara de una vez por todas, probablemente tendríamos muchas menos desviaciones sexuales en ciertas confesiones religiosas.

Empezando por el principio: 
La vida intrauterina es la primera experiencia de placer que tenemos los seres humanos. Cuantas más vivencias placenteras tengamos intraútero, nuestra personalidad será más optimista, cuantas más vivencias displacenteras, nuestra personalidad tenderá al masoquismo y a la depresión. 
El placer y el displacer que vivamos en el útero tiene mucho que ver con el placer-displacer que está viviendo nuestra madre fuera, una madre estresada, agobiada, cargada de adrenalina y hormonas del estrés, está proporcionando a su bebé experiencias displacenteras, que después pueden afectar a su personalidad. Una madre relajada, cuidada y amada, cargada de oxitocina y hormonas del placer, proporciona a su bebé experiencias placenteras.
La primera sensación de placer que experimenta el feto dentro del útero tiene que ver con la succión, es decir, el primer placer se experimenta a través de la boca (fase oral). Por la boca llegará el alimento más adelante, así que la naturaleza se asegura que las experiencias orales sean placenteras, es decir, el placer viene ANTES que el alimento, para el feto es más importante el PLACER que siente al succionar, ya que el alimento le viene por vía umbilical. 
Para el recién nacido, el principal placer también es succionar. El placer de comer, de tener la tripa llenita, viene después y es menos intenso que el puro placer de succionar. Por eso a menudo los niños simplemente chupan, no comen, están a gusto sólo por el hecho de tener el pezón de su madre en la boca y acariciarlo con los labios. El mamar le da un sentimiento de placer, un sentimiento de seguridad, que son más importantes que la propia necesidad de nutrición.
Sentir ese placer en la boca, nos da distintos mensajes:
1.- Si me dejan experimentar el placer, si puedo llevarme a la boca las cosas y experimentar con ellas, siento que el mundo es bueno y que estoy en mi lugar.
2.- Si constantemente me frustran el deseo de llevarme cosas a la boca, me enfado y me siento frustrado, el mundo es un lugar peligroso del que debo defenderme.
Esta primera fase oral, termina cuando el niño deja de necesitar sentir ese placer en la boca. No tiene un momento determinado, pero en nuestra sociedad es frecuente que sea el adulto quien decide “que ya está bien”, y unilateralmente le quita al niño la teta, el chupete, o le critica por llevarse el dedo a la boca para dormir.
 El problema es que la fase oral NATURAL dura lo mismo que hace 30.000 años, más o menos alrededor de los 3 años. Cualquier interferencia antes de esa edad, antes de que el niño empiece a cambiar de forma espontánea, puede tener el efecto contrario, retrasar el fin de esa fase, y así tenemos niños que con 7 años necesitan chuparse el dedo para dormir, por ejemplo.
 El niño primero conoce el mundo por la boca, y deberíamos dejarle experimentar lo más posible con ella, dejando que se lleve cosas a la boca, continuando la lactancia a demanda hasta el destete espontáneo… Más adelante el niño ya conocerá el mundo a través de los ojos y las manos, pero cuanto menos interfiramos esta primera etapa, mejor.
La clásica “fase anal” de Freud pasa rápidamente, sobre todo si al niño se le ha respetado la fase oral (de ahí que la ponente considere que realmente sólo hay dos fases, la oral y la genital). La fase anal se mantiene sobre todo cuando quitamos el pañal sin que el niño esté preparado.
La fase genital tiene dos etapas:
1ª etapa: Exhibición: A los niños y niñas les encanta desnudarse y enseñar sus genitales. Podemos explicarles que los genitales no se enseñan fuera de casa, o que no se enseñan a desconocidos, pero sin que ellos perciban los genitales como algo malo. Es bueno explicarles que los genitales de niños y niñas son distintos y complementarios, que los niños tienen pene y las niñas tienen vagina (evitar los mensajes tipo “los niños tienen colita y las niñas no”, TODOS TENEMOS ALGO, aunque sea diferente y en unos se vea y en las otras no).
2ª etapa: Masturbación: Según cómo nos hayan educado, solemos intervenir reprimiéndola o mirando hacia otro lado, ¿cómo podemos abordar esta etapa de manera natural?
De manera natural los niños y niñas tienen curiosidad por los genitales propios y ajenos, y en esta etapa empiezan las situaciones difíciles por la falta de naturalidad, ya que los niños y niñas empiezan a sentir sus primeros “enamoramientos”. Lo ideal sería que pudieran experimentar con sus propios genitales y con los genitales de otros niños y niñas, y que el “enamoramiento” se diera entre iguales, pero por nuestros miedos (aparecen los fantasmas de abusos sexuales previos, surgen todos los fantasmas que tenemos padres y madres), por la represión social, aparece el “enamoramiento” de los padres, los famosos complejos de Edipo (el niño que se enamora de su mamá) y Electra (la niña que se enamora de su papá).
Lo NATURAL sería que los niños de la misma edad pudieran disfrutar unos y otros de sus genitales desde el placer, con cariño y enamoramiento profundo. Los adultos deberíamos estar ahí sólo como espectadores, acompañando, pero sin interferir. Permitir, tolerar, todo está bien, pero también hay que AFIRMAR:
“Claro que eso te gusta, a mí también me gusta”
“Podéis jugar lo que queráis, pero solamente si QUERÉIS hacerlo”
“Sólo está permitido lo que le guste al otro y a ti, si a alguno no os gusta u os duele, hay que dejarlo”
Cuando esto se hace imposible, en general por los miedos de los padres y madres, tendremos que asumir las situaciones tipo Edipo/Electra, aceptar los sentimientos de nuestros hijos y situarlos en la realidad. Una conversación tipo:
-Yo estoy enamorado/a de mamá/papá y me casaré con ella/él cuando tú te mueras.
-Yo entiendo que tú quieres mucho a mamá/papá, pero verás como cuando seas grande tendrás una novia/novio a la que también querrás mucho.

Respetando la intimidad:
Al principio a los niños les gusta que estén papá o mamá en todo momento, es el momento adecuado para sentar “las bases del juego”, como decíamos antes: Sólo lo que uno quiere cuando uno quiere. Sólo lo que el otro acepta y cuando el otro acepta. No se permite hacer daño ni forzar a nadie.
En cuanto a la masturbación, es importante diferenciar la masturbación placentera de la masturbación compulsiva. Si el niño utiliza la masturbación para calmarse, para dormirse, o cada vez que tiene un conflicto, hay que investigar qué está pasando, y a veces precisará ayuda profesional.
¿Y si nos ve teniendo relaciones genitales?
Hay que diferenciar según la edad. En menores de 1-2 años en general no hay problema si “nos pillan”, para ellos ver la relación sexual no será contraproducente y se les puede dejar que lo vean de forma natural, y después explicarles lo que ha pasado si nos lo preguntan.
Cuando el niño tiene ya 3-4 años se le puede explicar que necesitamos intimidad y que es algo “de papá y mamá”, íntimo, en lo que no cabe nadie más. Si el niño insiste en que quiere verlo, se le puede poner un video adaptado a su edad (por ejemplo:https://www.youtube.com/watch?v=MXz_dvE9Geg)  , pero si nos sentimos incómodos, no tenemos por qué permitirle vernos.
¿Y si nos quieren tocar los genitales?
Es frecuente que los niños necesiten tocar los genitales de sus padres y madres, y no hay problema siempre que evitemos la erotización por parte de la madre o del padre.  Dar un besito en la nariz es igual que dar un besito en la colita, siempre que no se erotice, y como clave: NUNCA SE DEBE HACER NADA QUE NO SALGA DE LA PROPIA CURIOSIDAD DEL NIÑO. El tocar los genitales es una curiosidad PUNTUAL, si ya lo ha tocado, si ya lo ha visto, no hace falta que siga tocando y mirando, sobre todo si nosotros nos sentimos incómodos. Le explicamos que ya no queremos que nos toque más, y que así es como tiene que actuar él o ella si alguien le toca y no quiere. Aprovechamos para hacer prevención del abuso sexual.
La menstruación:
Es fundamental que las mujeres nos “amiguemos” con nuestra menstruación. Vivimos en una sociedad en la que se oculta que las mujeres menstruamos, tenemos que ponernos tampones para que “no se note”, compresas que “eviten el olor”, hay que actuar como si no tuviéramos la menstruación, rindiendo igual, trabajando igual, corriendo igual…
Y no es verdad, la naturaleza cíclica de las mujeres nos recuerda a los ciclos de la propia tierra. Igual que no le pediríamos a un peral que dé peras en invierno, no podemos pedirle a una mujer en la menstruación que se comporte como si no la tuviera. No podemos tener la misma energía mientras sangramos que cuando no estamos sangrando. Y es bueno que no la tengamos. Es bueno hacer caso a esa necesidad de parar, de sentir, de reflexionar.
Sólo desde ahí, podremos dar mensajes positivos en relación con la menstruación. Yolanda nos contaba una anécdota de una mamá que había explicado a su hija que cada mes se le abría una herida y por eso sangraba. En España cuando estamos con la menstruación decimos habitualmente “Estoy mala”, en inglés todavía es peor, el tiempo de la menstruación se denomina “the curse”, la maldición. Hasta que no vivamos nuestra menstruación como parte de nuestra sexualidad, hasta que no estemos orgullosas de esa naturaleza cíclica, de ese tiempo de reflexión y detenimiento que se nos ofrece cada mes, de ese regalo que es la fertilidad, no podremos transmitir mensajes positivos a nuestras hijas. Y para mí es fundamental que todo eso cambie. La menstruación es un momento de renovación, un recuerdo de nuestra fertilidad, la sangre menstrual es rica en nutrientes y nos sirve para que las plantas estén más bonitas, como un abono natural imposible de imitar. Aprendamos a vivir la menstruación como un momento hermoso, y transmitámoslo así a nuestras hijas.



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