Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

lunes, 17 de junio de 2013

Rutinas sanitarias que dificultan la lactancia materna. Apuntes de la conferencia de J.M Paricio en el ciclo Conociendo a Nuestros hijos.


Como nos decía el doctor Paricio en la conferencia, y como he comprobado yo misma, los sanitarios y parasanitarios sufrimos de una dificultad importante para superar las rutinas, el “siempre se hizo así”, no tanto por maldad, como por desconocimiento.  Definimos rutina como “costumbre inveterada, hábito adquirido de hacer las cosas por mera práctica y SIN razonarlas". En todo acto sanitario, la rutina, el protocolo, nos ayuda a trabajar de una manera adecuada para la mayoría de los pacientes, con rapidez y sin dejarnos nada importante. Esto es fundamental en una situación de emergencia, en una urgencia sanitaria, y muy recomendable siempre que se haya demostrado que dichas rutinas sirven para algo.
Por desgracia hay muchísimas rutinas hospitalarias durante el parto y el puerperio, que son disruptivas para la lactancia materna, y hay muchísimas “leyendas” sobre la lactancia materna y la lactancia artificial, que se repiten una y otra vez, sin cuestionar, sin reflexionar, sin pararnos a experimentar si hacer las cosas de otra manera podrían mejorar la manera de vivir el embarazo, el parto y por supuesto la lactancia.
Vamos a hacer un pequeño repaso histórico sobre la lucha entre la leche materna y la leche de fórmula, y cómo los intereses comerciales han provocado una “ceguera” generalizada, muchas veces propiciada por las propias autoridades sanitarias internacionales, ante lo incontestable, que la leche materna es el “patrón oro” en la alimentación de la especie, y que todo intento de “imitarla” es simplemente eso, una imitación pobre que no puede tener comparación con el original:

Ya en el año 1939, la doctora Cicely Williams, en su conferencia “Milk and murder”, en Singapur, advirtió que la introducción de la leche de fórmula estaba provocando muertes evitables en los bebés, sobre todo en los del tercer mundo. Es decir, ya en los años 40 teníamos claro que no era “lo mismo” amamantar que criar con leche de fórmula, y que criar con leche de fórmula estaba MATANDO NIÑOS, sobre todo en países en vías de desarrollo, pero también en los países desarrollados. Por desgracia, casi 70 años después, seguimos escuchando a muchos médicos decir que la leche de fórmula es equiparable a la lactancia materna, y que si la madre no amamanta, tampoco “pasa nada”.
Es cierto que, en los países desarrollados, con un aporte de agua potable en todas las casas, con un control del embarazo, con una mejora en la protección a la infancia, la mortalidad infantil se ha reducido muchísimo (de tasas de 300/1000 a finales del siglo XIX a las tasas actuales, cercanas al 5/1000) y que puede ser difícil demostrar que la leche maternizada empeore las tasas de mortalidad (aún así hay artículos publicados en Pediatrics, la revista de la Asociación Americana de Pediatría que incluso con estas tasas tan bajas, demuestran que efectivamente hay más mortalidad en los niños alimentados con fórmula). Pero es indudable que afecta a la morbilidad, es decir, aumenta el riesgo de enfermedad. Sabemos que los niños criados con fórmula tienen más riesgo de obesidad, de diabetes, de enfermedades cardiovasculares, de otitis, de alergia, incluso más riesgo de leucemia.
LOS MÉDICOS TENEMOS QUE TENER CLARO QUE NO ES LO MISMO AMAMANTAR QUE CRIAR CON LECHE DE FÓRMULA. Y tenemos que dar ese mensaje claramente a las madres embarazadas, y en general a las mujeres de todas las edades, ya que la decisión de amamantar o no suele ser una decisión temprana (entre los 12-13 años casi todas las chicas ya tienen claro si quieren amamantar o no a su bebé).

En 1956 nace la Liga de la Leche en Chicago. A pesar de lo que sabíamos diez años antes, que la leche de fórmula mataba niños, su uso se extendió tanto en Estados Unidos que las madres “amamantadoras” eran una rareza. Un grupo de éstas, decidió organizarse para aprender de lactancia entre ellas, para acompañar a otras mujeres, y para estudiar aquello que ellas intuían y los médicos sabíamos (aunque no lo dijéramos), que la leche de fórmula no podía ser mejor que la leche que había dispuesto la naturaleza. Actualmente es la organización no sanitaria con más proyección mundial en el tema de la lactancia materna.

En 1970 las organizaciones de caridad británicas como Oxfam o Christian Aid, denuncian las tragedias en África, continente al que grandes compañías productoras de leche de fórmula, como Nestlé, habían llevado muestras gratuitas. Durante el primer mes, daban muestras gratuitas, cuando a la madre se le retiraba la leche, la obligaban a comprar la fórmula (fórmula para la que no tenía dinero, con lo cual el niño moría de hambre, o peor aún, llegaba a comprarla pero la preparaba con agua contaminada y el niño moría de disentería). Millones de niños murieron a causa de estas prácticas comerciales, como podemos leer en artículos de la época  (the baby food tragedy: http://oliver.friends.tas.edu.au/ni/issue006/tragedy.htm).

Es en 1974 cuando por primera vez la OMS advierte que hay un descenso dramático de la tasa de lactancia materna en el mundo, y que dicho descenso tiene que ver con la promoción de los sucedáneos de leche materna. En su informe final, comenta que igual habría que hacer algo para arreglarlo… pero no dejan muy claro qué se puede hacer.

Por fin, en los años 1979 al 1983 comienza el programa GOBI, conjunto de OMS y UNICEF para disminuir la morbi-mortalidad infantil. El programa GOBI se basa en 4 pilares:
Grow: Se empieza a tallar y pesar a los niños para detectar desnutrición, se realizan las primeras tablas de percentiles con niños sanos que puedan servir de referencia.
Oral rehidratation: Se comienza a educar a madres y agentes de salud locales en el uso de sales de rehidratación oral como tratamiento de las diarreas infantiles (mortales en la mayoría de los países en vías de desarrollo, y fácilmente prevenibles y tratables con un uso adecuado del agua y de las sales de rehidratación)
Breastfeeding: Desde la OMS se inicia la primera campaña mundial a favor de la lactancia materna, se hacen sellos y carteles promocionándola (se pueden ver muchos en la web: http://www.telasmos.org/espanol/)
Inmunization: Campaña de vacunación universal.

En España parece ser que se implantaron rápido 3 de esos pilares, prácticamente todas las madres saben lo que tienen que hacer si el niño tiene una diarrea, pesamos y medimos a los niños, a mi modo de ver muchas veces en exceso, y excepto algunos grupos, los padres y madres tenemos claro que la vacunación es algo beneficioso para nuestros hijos.
Pero la promoción de la lactancia materna nos está costando más.
Aunque en la web de la Asociación Española de Pediatría hay muchísima información sobre lactancia, y el grupo de trabajo de lactancia materna es excelente, me temo que muchas veces los pediatras “de a pie” (y las enfermeras de pediatría) siguen manteniendo ideas preconcebidas y dando consejos obsoletos en el mejor de los casos. 
Voy a analizar los consejos erróneos más frecuentes y cómo se desmontan a la luz de la evidencia reciente (o no tan reciente, hay cosas que sabemos hace muchísimo tiempo… pero no aplicamos):

“La lactancia es a demanda… pero si te pide antes de tres horas es que no tienes suficiente leche y habrá que suplementar”
Ay,las famosas 3 horas… Al parecer surgieron de una encuesta que se hizo a mediados del siglo pasado. Los investigadores preguntaron a las madres cuánto amamantaban. De media, cada madre amamantaba entre 8 y 12 veces al día, decidieron que las que amamantaban 8 veces era porque tenían mejor leche, dividieron 8 tomas entre las 24 horas del día y les salió una media de una mamada cada 3 horas. Aunque ahora sabemos que la frecuencia de mamada de un niño depende de muchísimos factores, que si hace calor maman más a menudo porque necesitan hidratarse, que si están más nerviosos maman más a menudo porque necesitan calmarse, que si están piel con piel con la madre maman más a menudo que si pasan tiempo en la cuna… seguimos con la idea de la mamada cada 3 horas.

“La lactancia es a demanda… pero no más de 5 (o 10, o 15) minutos de cada pecho”: 
Bien, esto es absurdo y contradictorio, a demanda es a demanda. Es decir, sólo el niño puede saber cada cuánto tiene que mamar, y cuánta cantidad de tiempo. Normalmente al principio el niño pasará más tiempo mamando, ya que tiene que ensayar, su boca es más pequeña, tiene menos fuerza, se duerme más al pecho… Y conforme va creciendo, comer va siendo una actividad menos “interesante”, con lo cual mamará en menos tiempo, y en seguida se soltará para investigar el mundo de alrededor. En cuanto a la diversidad de recomendaciones de tiempos, el Dr Paricio nos contaba que había deducido que el médico o enfermera se decanten por los 5, los 10 o los 15 minutos tiene que ver con su generosidad innata o con lo que le dijeron cuando era residente o estudiante, no con ningún estudio medianamente serio.

“Llora mucho… eso es que tiene hambre”: 
Veamos, el niño sólo tiene dos formas de comunicación. Si está a gusto, contento y feliz, gorjea o duerme. Si está a disgusto, llora. Es decir, el llanto es un signo de hambre, claro, pero los niños también lloran si tienen calor, si tienen frío, si le roza una costura, si les duele algo… Y además hay un llanto de angustia por separación (si el llanto se calma cogiendo al niño en brazos, NO ES UN LLANTO DE HAMBRE). El niño NECESITA  estar en brazos. NECESITA saber que hay un adulto cuidando de él (a veces, como son buenos, se calman también si les movemos un poco el cochecito o la hamaquita, así de majos son, ¡¡sólo necesitan saber que estamos ahí!!).

“Ha perdido peso… eso es que no tienes leche, prueba a darle fórmula una semana y volvemos a pesarle”:
Curiosamente, si el niño ya toma fórmula y ha perdido peso, el pediatra lo mirará de arriba abajo, probablemente le hará una tira de orina, y si la pérdida de peso es significativa, incluso una analítica… Que es lo que deberíamos hacer con el niño de lactancia materna, porque las causas más probables de pérdida de peso en un niño con lactancia establecida, son las mismas que en un niño de fórmula: Una infección aguda o crónica. Pero los propios médicos no nos fiamos de la lactancia materna, no sabemos manejarla y no sabemos ayudar a las madres con dificultades, con lo cual lo más fácil PARA NOSOTROS , es aconsejar un biberón (las consultas de lactancia materna son más largas y exigen una formación que la mayoría no tenemos).

“No le des teta de noche porque te usa como chupete”: 
Igual los sanitarios tendríamos que ser conscientes de que el chupete ES UN SUSTITUTO DE LA MADRE. La succión calma, por eso el chupete calma. Pero usar el chupete para calmar al niño en sus primeros días, puede provocar que el niño mame menos de lo que debería, y que aprenda a succionar de manera diferente (no se chupa igual un chupete que un pezón), lo que puede provocar que la madre tenga grietas o heridas por un mal agarre. Está sobradamente demostrado que los niños necesitan mamar de noche para mantener la producción de leche de su madre, sobre todo cuando la madre se incorpora al trabajo. Recomendar eliminar las tomas nocturnas, equivale a disminuir la producción, con lo cual el niño necesitará más otro tipo de alimentos. En las recomendaciones de la OMS sobre alimentación complementaria dejan claro que los niños “del primer mundo” tienen unas necesidades calóricas mayores que los niños de países en vías de desarrollo precisamente por ese menor aporte calórico procedente de la lactancia materna. Los niños de los países en vías de desarrollo normalmente maman más y durante más tiempo, duermen con sus madre (en general porque no hay otras habitaciones en la casa) y maman de noche. Quizá los pediatras deberíamos dejar de dar consejos de crianza, o por lo menos aprender lo suficiente de crianza y lactancia como para dar consejos mínimamente adecuados. Tenemos multitud de estudios que demuestran que el colecho, es decir dormir con la madre, aumenta las tasas de lactancia y su duración, lo que se debe, por supuesto, a que el niño hace tomas nocturnas durante las que estimula la producción de leche de la madre.

“No le dejes dormirse a la teta que se acostumbrará y luego no podrá dormirse solo”: 
Pues no, probablemente ningún niño, ni de teta ni de fórmula, es capaz de dormirse solo, al menos hasta los 3-4 años. Pero eso tiene que ver con la maduración cerebral del niño, no con que se haya dormido en uno u otro sitio, en una u otra situación. Conseguir que un niño no se duerma a la teta es una tarea titánica e ímproba, ya que nuestra leche tiene sustancias calmantes que inducen el sueño, y durante la succión la madre produce endorfinas que le inducen el sueño a ella. Por lo tanto, la madre lucha con su sueño, con el sueño del niño, sufre durante la toma, y finalmente el niño y ella están tan nerviosos que probablemente necesiten un paseíto hasta que les vuelva a entrar el sueño y puedan volver a dormir. ¡Qué absurdo!

Bueno, por hoy os dejo, que ya este artículo me ha salido larguísimo, en breve, otro sobre las rutinas disruptoras durante el parto y los primeros días del bebé, y cómo la iniciativa IHAN quiere cambiar esas rutinas por otras que favorezcan la lactancia. ¡Espero que os haya sido útil!

2 comentarios:

  1. Buenísimo Teresa. Ahora "sólo" falta conseguir el apoyo de la Administración y que se consiga el aumento de la baja de maternidad hasta los doce meses de vida del lactante.
    Ójala más pediatras pensaran y actuaran como tú. Un abrazo.

    Ana Tortajada

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    1. En el fondo no es ni más ni menos que apostar realmente por esos niños que todo el mundo está de acuerdo en que son el futuro, pero nadie parece dispuesto a velar por su presente!!! Creo que poco a poco se va extendiendo la cultura de la crianza con apego y el respeto a los niños... o igual es que yo ya estoy fuera del sistema y me llegan los papis y mamis que piensan como yo!! Un besote, Ana!

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