Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

martes, 26 de marzo de 2013

Baby shower


Ayer fui invitada a mi primer baby shower. Yo sabía de qué iba “la cosa” gracias a las pelis norteamericanas, sabía que es una fiesta en la que se reúnen una mamá gestante y sus amigas para hacer regalos al bebé, charlar, reir juntas, comer cositas ricas…. Nada de lo que yo había visto en las películas podía prepararme para la experiencia que pude vivir y disfrutar gracias a la generosidad de esas madres, que me acogieron como una más (yo aún no tengo hijos).
Aparte de los regalos físicos, llenos de cariño e imaginación, de la preciosa decoración que habían puesto en la casa, de la cantidad de cosas ricas que habían preparado la mamá y alguna amiga (y a las que hicimos los honores dejando apenas sobras)… quiero destacar tres regalos que esa Tribu de mujeres(Tribu se denominan ellas a sí mismas) hacen al pequeño que está por venir,  por extensión a mí, y estoy segura de que a cualquiera que se acerque a ellas.
El primer regalo es la COOPERACIÓN: En esta sociedad individualista que nos ha tocado padecer, se nos olvida que es precisamente este regalo el que nos ha ayudado a sobrevivir durante miles de años. Somos el animal más débil, reconozcámoslo, ¡no tenemos ni pelo! Cualquier gran depredador es más grande, más rápido, más fuerte y está más adaptado que nosotros para ser la cúspide de la pirámide alimentaria. ¿Cómo les hemos ganado? Gracias al regalo de la cooperación, de ocuparnos los unos de los otros, de llevar cada uno parte de la carga, o toda, si el otro estaba muy cansado, de aceptar al diferente, a las personas con capacidades diversas, al que ni piensa ni es como nosotros… pero igualmente forma parte de la Tribu, porque así lo queremos todos.
El segundo regalo es el CARIÑO:  Si la cooperación es lo que nos ha servido para tener éxito como especie, el cariño (la empatía, si queréis) es lo que nos hace definitivamente humanos. Yo elijo la palabra cariño porque la siento bañada de una ternura que para mí no tiene la palabra empatía, más exacta y científica, si queréis, pero para mí más fría. Yo siento que el cariño es lo que nos hace SER. El cariño no “sirve” para nada. El cariño, la calidez, el abandono que supone sentirse querido y sentir que puedes querer a otros, es algo que la sociedad patriarcal les ha vetado a los varones, que tenían que ser duros y no llorar, y tampoco mostrarse “excesivamente” tiernos o “femeninos”. Por eso me parece un regalo especialmente importante para el bebé que viene, un varón llamado Simón. Simón ya tiene la enorme ventaja de haber elegido nacer en una familia con un papá y un hermanito que ya han aprendido a vivir desde la ternura. Además, disfrutará de la ternura y del cariño de muchas mamás, en red con la suya propia.
El tercer regalo es la CONCIENCIA: Si la cooperación nos sirve para sobrevivir y el cariño nos hace humanos, este tercer regalo nos hace dar un paso más. Sé que toda madre que haya disfrutado de un parto respetado va a entender lo que digo ahora, sé que toda madre que haya sido capaz de disfrutar del vínculo con su recién nacido va a comprender esto, sé que todo padre realmente conectado con su hijo o hija, sabe de lo que hablo: En el momento en que un recién nacido te mira a los ojos, sobre todo si es en los primeros momentos después de nacer, comprendes que REALMENTE, todo es UNO. Ese bebé es UNO con nosotras, a veces nuestra sangre le sigue alimentando cuando nos mira, y lo miramos. Es UNO con su padre, con el que comparte genes, actitudes, sonrisas, energía…Y a la vez, es completamente OTRO. Un ser único, irrepetible, que fue en parte nuestro, que en parte forma parte de nuestro ser… y en otra parte vive para recordarnos que NO es yo misma, yo mismo, sino ÉL/ELLA. El niño, sabio entre los sabios, nos devuelve la conciencia de ser parte de la estrella más lejana de nuestro universo, pues todos somos polvo de estrellas. El niño, nuestro Maestro (si le dejamos), nos devuelve la conciencia de que hemos venido a este mundo para jugar, disfrutar y aprender.
Pero a veces, para poder disfrutar plenamente de las enseñanzas que nos traen nuestros hijos, necesitamos una red, un sostén, un apoyo… una TRIBU.
Por eso agradezco a la Tribu su acogida, por eso agradezco esos tres regalos, que al ser entregados  a Simón yo también he podido disfrutar.
COOPERACIÓN, CARIÑO, CONCIENCIA…. ¡¡¡¡¡TRIBU!!!

Os animo a crear una Tribu allí donde estéis. Porque siento con todo mi corazón que, como dice Michel Odent, para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer, sin duda, pero sobre todo hay que cambiar la manera de CRIAR… y para eso hacen falta muchas Tribus. Sé que allí donde se encuentre una mujer cooperativa, llena de cariño y con ganas de crear conciencia, puede surgir una tribu que proporcione esos regalos a todos y cada uno de sus miembros, desde los que están llegando hasta los que ya se están yendo, más allá de las individualidades, más allá de, como decía una de las hermosas mujeres de ayer, “ser de nuestro padre y de nuestra madre”, más allá de aquello que nos separa. Deseo que los hombres se atrevan a pertenecer a esas tribus y a crear las suyas propias: Tribus que nos recuerden aquello que nos une y nos hace humanos, que recuperen la conciencia de ser seres con energías diversas, masculinos y femeninos, al fin, seres completos que viven sus diferencias como riquezas a compartir. Como dicen algunas mujeres sabias que hay por ahí: Sé que el cambio surgirá de pequeños grupos de individuos que tomen conciencia y luchen por todos los demás… ¡siempre ha ocurrido así en la historia!
Hagamos historia, mujeres y hombres,¡ ¡creemos tribus!!

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