Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

lunes, 21 de enero de 2013

Oxitocina, la hormona de los orgasmos




En los últimos tiempos se habla mucho de la “hormona del amor”, la oxitocina. Este artículo pretende explicar brevemente sus funciones y reflexionar sobre tabúes todavía existentes con respecto a dos situaciones de la vida sexual femenina que usualmente no se viven como parte de la sexualidad: El parto y la lactancia.

La oxitocina es la hormona que el cerebro segrega durante el orgasmo, provoca contracciones uterinas en la mujer y eyaculación en el hombre. También es la hormona que se segrega cuando estamos con amigos, en una situación agradable, distendida. Y por supuesto es la hormona que desencadena el parto. Hace poco también se descubrió su relación con el reflejo de eyección de la leche, y parece también fundamental para que el niño conserve el instinto de succionar adecuadamente cuando nace, y para que desarrolle la capacidad de empatizar más adelante. Se ha relacionado el autismo y otros problemas con la empatía, con una deficiente secreción de oxitocina cerebral por parte de los niños aquejados de este tipo de problemas.

El que se segregue en todas estas situaciones es lo que le ha valido el poético nombre de “hormona del amor”. Parafraseando a Michel Odent, más que la hormona del “amor”, que al fin y al cabo es un sentimiento abstracto y muy difícil de definir, yo prefiero llamarla hormona de los orgasmos. Comprendo que aquí los lectores hagan un alto: ¿hormona de los orgasmos? ¿Cómo se puede considerar un parto una experiencia “orgásmica”? Y aún más “perverso”, ¿cómo se puede considerar “orgásmico” dar de mamar? Porque resulta que está muy bien disfrutar durante el coito… pero eso de disfrutar en el parto parece raro, y lo de disfrutar dando de mamar a un hijo es definitivamente “antinatural”.

¿No?

 Pues a la naturaleza no se lo debe parecer, ya que la hormona que se secreta en todos los casos es la misma, y no sólo por parte de la madre, que al fin y al cabo ya ha tenido sensaciones “sexuales”, sino también por parte del niño, cuya identidad sexual ni siquiera se ha constituido más que biológicamente en el momento del nacimiento.

Si lo miramos desde el punto de vista biológico tiene toda su lógica: ¿qué es lo más importante para una especie? Asegurar la reproducción. En nuestra especie, que es una especie altricial (es decir, que cuida de sus crías hasta que pueden valerse por sí mismas), asegurar la reproducción implica también asegurar el cuidado de las crías y su alimentación. Partiendo de la premisa de que hacemos con más frecuencia aquello que nos da placer, para favorecer la supervivencia de la especie, es lógico que se “premie” (neurológicamente hablando) tanto el momento del parto como el de la lactancia. La principal función de la oxitocina a nivel cerebral es precisamente provocar un estado de bienestar, una sensación de abandono, de éxtasis, tanto más profundo cuanta más cantidad de oxitocina se produzca.

¿Y entonces, por qué el parto duele? Bueno, aquí entran en consideración sobre todo factores culturales.
El primero, que es un mandato del dios patriarcal de la cultura judeo-cristiana, en la cual el concepto de “parir con dolor” está muy arraigado. De hecho en la edad media se ajustició a muchísimas parteras expertas por “brujería” debido a que, en sus manos, las mujeres parían sin dolor. Y es posible parir sin dolor. De hecho estamos preparadas biológicamente para parir con placer…. Pero hemos olvidado cómo hacerlo.
El segundo factor es que en estos momentos, en todavía demasiados hospitales españoles, a demasiadas mujeres de parto, se les pone un suero con oxitocina sintética para “ayudarlas” a parir. Esta oxitocina sintética provoca contracciones uterinas, desde luego, pero no atraviesa la barrera hematoencefálica, no llega al cerebro y por lo tanto no produce la sensación placentera que tenemos cuando producimos oxitocina de forma endógena, en nuestro propio cerebro. Y además provoca una reducción de la producción de oxitocina cerebral tanto de la madre como del niño. Esta reducción de la oxitocina endógena produce menor resistencia al dolor en la madre y, en el niño, más posibilidades de tener sufrimiento fetal y alteraciones posteriores en la producción de oxitocina, lo que interfiere con la lactancia. Actualmente está en estudio esta alteración temprana en la secreción de oxitocina y su relación con el autismo infantil.
El tercer factor, como dice Michel Odent, es la incapacidad de “desconectar” el cerebro racional durante el parto. Cuando la mujer se deja llevar,  se le permite comer o beber cuando lo necesite, puede adoptar las posturas que le dicta su instinto, no tiene prisa, y puede confiar en su cuerpo, el parto no sólo duele menos, o deja de doler, sino que puede convertirse en una experiencia orgásmica.  Puedo decir que conozco a más de una mujer que lo ha vivido como tal.

En cuanto a la lactancia, yo diría que es el último tabú. Es natural tener sensaciones orgásmicas mientras el niño mama, ya que se produce la misma hormona que durante el orgasmo. Esas sensaciones placenteras están “programadas” por la naturaleza para ayudar a que se mantenga la lactancia y a que la madre se “enamore” de ese hijo que la va a necesitar en exclusiva durante muchos meses. Sólo desde el enamoramiento se puede vivir la maternidad de forma plena. Si no, se convierte en una sucesión de angustias y sufrimientos, y al final, de frustración, por no poder atender a ese ser dependiente que nos ha “comido” literalmente la vida.
En esta sociedad está “mal visto” que las madres amamanten a sus hijos en público. Curiosamente, la misma gente que aborrece ver a un niño comer de su madre son los que no dicen nada cuando en la parada del autobús hay un “ángel” de Victoria´s Secret que enseña bastante más seno que cualquier madre con el niño enganchado a la teta. Nuevamente me parece un problema cultural: Como el seno de la mujer se considera “objeto sexual”, no puede ser bueno para el niño, es como si el hecho de sentir placer al amamantar a tu hijo fuera algo antinatural, perverso, incluso “pederástico”.
Pero de nuevo la biología desmiente a la cultura. La hormona es la misma. El sentimiento que produce lógicamente tiene que ser parecido. Pero decir que la lactancia forma parte de la sexualidad femenina definitivamente es “raro”.
Desde mi formación como médico, desde mi sentimiento de mujer, desde mi concepción de la sexualidad como un todo, declaro que es importante romper este último tabú, el que separa a las madres de sus hijos en pro de una sexualidad entendida exclusivamente como genitalidad, un tabú que provoca partos dolorosos por falta de conocimiento de la anatomía y fisiologías femeninas. Considero fundamental dar a conocer la función de los orgasmos, al fin y al cabo, ¡nos va la vida en ello!


Bibliografía:
-La función de los orgasmos, Michel Odent

-El bebé es un mamífero, Michel Odent

-Parir sin miedo, Consuelo Vélez Frías

-Guía de la mujer consciente para un parto mejor, Henci Goer

-Pariremos con placer, Casilda Rodrigáñez

2 comentarios:

  1. Muchisimas gracias Teresa. Estoy a punto de tener a mi tercer bebé y estoy deseando pasar por una experiencia plena y sin miedos. Me ha ayudado mucho leer el post porque con mi bebé de 19 meses he sentido mucha satisfacción al darle de mamar pero también me he encontrado con mucha animadversión a mi alrededor. Espero quitarme de encima los complejos q aún me quedan y poder parir con confianza en mi y en mi bebé. Un abrazo

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    1. ¡¡Mucha luz, mucha alegría y mucha confianza!! Y al resto del mundo... pues que le den. Disfruta de tus hijos, disfruta del que viene, y al que no le guste, ¡¡que no mire!! Un abrazo enorme.

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