Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

viernes, 16 de noviembre de 2012

Anemia ferropénica en el lactante



Como siempre me pasa, me repaso las patologías cuando me encuentro con ellas en la consulta. Quiero agradecer a unos padres cuidadosos y preocupados la oportunidad de repasar la anemia ferropénica, una entidad relativamente frecuente en los lactantes, que quizá tenemos olvidada porque con nuestra nutrición rica en proteínas animales es menos prevalente que en otros tiempos, pero que es bueno sospechar en determinadas circunstancias, sobre todo en niños alimentados exclusivamente con leche materna.

Denominamos anemia ferropénica a la disminución del número y tamaño de los glóbulos rojos (los que llevan el oxígeno a las células de nuestro cuerpo), debido a un déficit de hierro en la ingesta.
En los lactantes, las reservas de hierro proceden principalmente de la madre, todo lactante pretérmino (prematuro) o al que hayan cortado prematuramente el cordón umbilical (antes de que el cordón deje de latir), puede presentar algo de ferropenia alrededor de los 6 meses de vida.
 La ferropenia es exclusivamente falta de hierro en la sangre, la anemia se produce por una falta de hierro crónica, que afecta a la formación de glóbulos rojos. Para prevenir la anemia ferropénica, lo ideal es introducir alimentos ricos en hierro a partir de los 6 meses: Carne de vacuno, pollo, hígado (sólo si es ecológico) y cereales integrales. Si el niño rechaza la comida y sigue con lactancia materna exclusiva, lo ideal sería añadir un suplemento de hierro, preferiblemente en forma de sulfato ferroso, calculando una cantidad de hierro elemental de 6 mg/kg/día, repartido en 2 o 3 tomas antes de las comidas. Si el niño está tomando leche de fórmula, habrá que optar por una enriquecida en hierro, ya que una de las causas de ferropenia en los lactantes es la introducción temprana de leche de vaca (parece que a menudo olvidamos que la leche maternizada ES leche de vaca, y puede favorecer la ferropenia a menos que esté enriquecida en hierro).
A menudo se habla de la pobreza en hierro de la leche materna, y es cierto, la leche materna tiene aproximadamente  0.3 mg/l de hierro, pero es un hierro que se absorbe en más de un 50%. Así, si un niño toma más de medio litro de leche materna, absorbe unos 0.12 mg de hierro al día. La leche de vaca no enriquecida tiene hasta 0.8 mg/l de hierro, pero su absorción es más pobre, menos del 10%, por lo cual, la misma cantidad de leche de vaca proporciona 0.08 mg de hierro diarios. La leche maternizada  enriquecida tiene hasta 12.8 mg/l de hierro, pero su absorción es aún más pobre, de apenas un 4%., si toma la misma cantidad de fórmula enriquecida, el niño no consigue absorber más de 0.4 mg/día. Atendiendo a estos datos, un niño con lactancia materna exclusiva, que no admite otro tipo de alimentos, debería iniciar de manera temprana (no más tarde de los 7 meses) el suplemento con hierro, para evitar la anemia ferropénica. Si el niño está tomando pollo o ternera diariamente, probablemente no vaya a precisar suplementos artificiales.
 La anemia ferropénica se suele instaurar de forma insidiosa, en general no afecta al peso del niño, ni a su talla, sino sobre todo a su vitalidad y a su interés por las cosas. La palidez es un signo, pero para mí lo más importante a la hora de sospechar una anemia ferropénica es la sensación de cansancio, la pérdida de interés por levantarse o por jugar, y la pérdida de interés en la comida. 
Espero que esta entrada os ayude a detectar estos síntomas en vuestros hijos, y a contárnoslos a los pediatras, porque es bastante frecuente que nosotros en consulta no percibamos esos pequeños cambios que sólo los padres y madres sois capaces de ver. La anemia ferropénica, afortunadamente, es una patología que se corrige estupendamente con los suplementos, en seguida se observa que el niño está más contento, más activo, y tiene más apetito. ¡Un saludo y hasta pronto!

No hay comentarios:

Publicar un comentario