Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

jueves, 8 de noviembre de 2012

Amor de padre

Hace tiempo que me dí cuenta de que un padre (o pareja) centrado, cariñoso, amante, era el mejor seguro para mantener la lactancia y desde luego para llevar a cabo un proceso de crianza de apego y respetuosa. Ahora parece que las investigaciones científicas también afirman que existe esa sincronía entre padre y madre cuando miran a su bebé, cuando buscan interpretarlo, en fin, cuando le aman. De nuevo es Ibone Olza la que me mantiene al día de estas investigaciones, que confirman lo que nos decía el sentido común: Que los padres también aman a sus hijos, y que su cerebro también cambia cuando los tienen delante.
Con mi admiración por esos padres de la consulta que buscan cada día mejorar para sus hijos y sus parejas. 

Los padres que aman

by Ibone Olza
Me ha parecido fascinante este estudio cuyo título dice algo así: Sincronía y especificidad en el cerebro maternal y paternal: relación con la oxitocina y la vasopresina.
Lo ha dirigido Ruth Feldman, una investigadora brillante de la que ya hablé en la entrada Desmontando a Estivill. Feldman y su equipo llevan años descifrando el correlato neurobiológico del vínculo entre madres, padres y bebés. En concreto Feldman es la que más ha estudiado la sincronía, esa fascinante coordinación en la crianza que entre otras cosas explica como madres y bebés de tres meses pueden sincronizar su latido cardíaco con solo mirarse a los ojos en menos de un segundo.
Ahora las nuevas técnicas de neuroimagen permiten ver que zonas del cerebro se activan cuando una madre o un padre ven a sus bebés en acción. El resultado de este estudio realizado con 15 parejas y sus bebés de 4 a 6 meses es precioso: madres y padres se sincronizan también entre ellos para responder de forma muy parecida a su propio bebé. Tan sólo se observan algunas pequeñas diferencias: en las madres se activan un poquito más algunas áreas más relacionadas con las emociones y la empatía, lo que se relacionaba con la oxitocina, y  en los padres otras areas más involucradas con la inteligencia más "social", en correlación con la vasopresina. Pero insisten los autores, lo más llamativo es la similitud en la respuesta de cada pareja con su propio bebé,  lo sincronizados que parecen estar entre ellos madres y padres cuando se trata de comprender lo que quiere expresar su bebé.
En realidad lo que están empezando a evidenciar este y otros estudios es que los padres que mantienen un contacto estrecho con sus bebés son capaces de cuidar muy amorosamente en perfecta coordinación con las madres. Sus cerebros cambian de forma muy parecida al cerebro maternal: los padres también aman.

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