Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

miércoles, 4 de julio de 2012

Rabietas y llantos según Carlos González

Copio un estupendo artículo de Carlos González, que he encontrado a raíz de mi desacuerdo con el tema de "dejar llorar a los niños para desahogarse". Como siempre, yo estoy de acuerdo con Carlos, me parece que expone el tema muy claramente y espero que os guste su artículo tanto como a mí. Un abrazo!!

Las rabietas y el llanto de los niños

Un artículo del pediatra Carlos González
Vía Adivina cuánto te quiero
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Está muy extendida la teoría de que a los niños (2 o 3 años) hay que dejarlos solos cuando tienen una rabieta. Claro, en la versión progre” del tema se dice que al niño se le deja desahogarse, pero el resultado es el mismo (le dejas solo y llorando) que en la versión tradicional: “no es más que teatro, así que hay que quitarle el público”, o en la conductista: “aislado en tiempo de exclusión hasta que aprenda a comportarse como es debido”.

Quizás parte del éxito de algunas de las teorías de “dejar llorar” viene de una confusión semántica: “no dejar llorar” frente a “no dejar llorar”. Me explico. Cuando yo digo que no hay que dejar llorar a un niño lo que estoy diciendo es que los padres no tienen que hacer una actividad denominada “dejar llorar”, actividad que consiste en pasar de un niño que llora y no hacerle caso. Yo no estoy prohibiendo nada al niño, en todo caso estoy “prohibiendo” a los padres que le “dejen llorar”. En cambio algunas personas lo que dicen es algo muy distinto, que el niño no debe hacer una actividad denominada “llorar”, que los padres deben impedírselo, prohibírselo, incluso castigarlo por ello. Eso, claro, me parece una barbaridad.

Es una actitud mucho más extendida de lo que parece. Miles de veces, en vez de intentar consolar de forma adecuada a un niño (cogiéndolo en brazos, o dándole teta, o preguntándole qué le pasa, o diciendo “pobrecito, qué pupa más grande” o “sana sana culito de rana” o reconociendo el problema “sí, qué rabia, tenemos que irnos del parque porque es muy tarde, menos mal que mañana podremos volver…”), se le dicen con la mejor de las intenciones cosas como “no llores, que te pones muy feo”, o “qué vergüenza, un niño tan grande y llorando”, o “no llores, que los niños valientes no lloran”, o “no lores que pareces una nena” o “me duele la cabeza de oírte llorar”, o “este señor se va a enfadar si lloras”, o “cállate de una vez”, o “me tienes harto con tus llantos”.

Todos estos son ejemplos, unos más suaves y otros más bestias, de “no dejar llorar”. Claro, a todos se nos ha escapado alguna vez, y por una vez no tiene importancia; pero imagínense lo que es que cada vez que lloras, sea cual sea el motivo, te digan que te pones feo. ¿Qué va a sentir, cuando sea mayor, una persona educada así? ¿Qué comprensión, qué empatía, podrá sentir por el dolor ajeno, por el llanto de sus propios hijos? Le estamos diciendo que la belleza es el valor supremo, y que uno tiene incluso que reprimir sus propios sentimientos para poder ser “guapo” y por tanto aceptado socialmente.

Lo mismo que, cuando dejamos solo a un niño con una rabieta, cuando deliberadamente nos vamos de la habitación, o lo enviamos sólo a una habitación, le estamos enseñando que el dolor no es socialmente aceptable, que una persona bien educada no “se deja llevar” por sus sentimientos en público.

Otra cosa sería un niño mayor (o adolescente) que deliberadamente se va a llorar solo. También hay que demostrarle que tiene derecho a aislarse, si eso es lo que desea. No salgas corriendo detrás, no le digas que “es de mala educación” y que “no puede levantarse de la mesa”… pero puedes, al cabo de un tiempo prudencial, acercarte, decir algo, y seguir o retirarte según su respuesta. Cuando mis hijos tenían rabietas, lo probaba todo. Es cierto que en algunos casos parece que no quieran ser consolados: si les hablas o les preguntas, lloran aún más fuerte o te insultan, si intentas cogerles en brazos se resisten y patalean, si les tocas te pegan. En esas circunstancias, es muy humano sentir la tentación de decir:
 
 “¿Y encima me pegas? ¡Pues me voy y te j….! ¡Yo no tengo por qué aguantar esto!”  

Sentimiento que muchos intentarán racionalizar (pues la capacidad del ser humano para engañarse así mismo parece ser aún mayor que su capacidad para dejarse engañar por otros) con argumentos como “es mejor que se desahogue” o “no es un castigo, es aplicar las consecuencias lógicas, debe aprender que si insulta y pega nadie querrá estar con él”. Es muy humano reaccionar así, pero ¿no es un poco “infantil”? ¿No debería un adulto, que encima es padre, tener más herramientas que un niño de tres años para canalizar la ira y para mantener la compostura en situaciones difíciles?

Es un poco como si hubiera un individuo de pie en una cornisa, amenazando con tirarse de un octavo piso, diciendo a los bomberos: “si se acercan, me tiro”, y los bomberos dijeran, “bueno, hemos hecho lo que hemos podido; si se pone en plan imbécil no tenemos por qué aguantarle las impertinencias” y se fueran.

Supongo que cada niño es distinto, y que cada familia encontrará su propia estrategia. A nosotros nos iba muy bien, en las rabietas más terribles, alejarnos un poco y ponernos a hablar del niño en voz alta: “¿Sabes, Mamá, que ayer llevé a María a ver a Abuela? - ¿Ah, sí, fuisteis a ver a Abuela? - Si, y María estuvo ayudando a Abuela a preparar un pastel - ¿María ya sabe cocinar? - Sí, lo hizo muy bien, dijo Abuela que nunca había quedado la masa tan bien revuelta, sin ningún grumo de harina…” A medida que vamos hablando, notamos como María deja de llorar para poder oír mejor. “¿Y con qué hicieron la masa del pastel? - Pues con harina, leche, huevos, levadura, y… a ver si me acuerdo, había otra cosa…” Y de pronto María interviene: “-Y limón rallado, lo rallé yo”. 
A partir de ahí, la rabieta puede darse por concluida, siempre y cuando los padres sigan disimulando un rato y eviten la mezquina tentación de vengarse: “Ah, conque ahora hablas, creí que sólo sabías llorar”, o “No me interesa lo que digas, si tú no me querías oír a mí, yo tampoco te quiero oír a ti”, o “Ahora que has dejado de llorar, ¿me puedes explicar qué te pasaba?”…

Es asombroso la cantidad de padres que sienten (sentimos) la ridícula necesidad de decir la última palabra, de ajustar cuentas, de dejar bien claro quién se ha portado mal y quién se ha portado bien, la necesidad no sólo de vencer, sino de humillar al vencido. Que el mentiroso confiese, que el culpable pida perdón, que el desobediente obedezca… Supongo que son frustraciones sin resolver de nuestra propia infancia, que nos creemos con derecho a exigir de nuestros hijos absoluta sumisión porque sabemos que jamás la obtendremos ni de nuestros padres, ni de nuestro cónyuge, ni de nuestros amigos, ni de nuestros jefes, ni de nuestros subordinados, ni del gobierno…

19 comentarios:

  1. Me ha encantado!

    Como siempre, magnífico Carlos González. Este artículo no lo había leído y es genial.

    Qué buenas interpretaciones, y qué razón en lo de la necesidad de los papás de decir la última palabra... que absurda obsesión con la sumisión de los niños... Como si eso les hiciera ser mejores en la vida... ¿De verdad queremos adultos sumisos, obedientes y no contestatarios en su día a día?.

    Yo desde luego no.

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    1. Yo es que soy fan total y absoluta de Carlos, me encanta su claridad y su sinceridad, y recomiendo todos sus libros. Encima es un pedazo de profesional y TODO lo que dice lo respalda con un estudio científico... Ya podrían aprender otros... digamos más "viles" en sus métodos. Yo tampoco querría criar adultos inseguros, sumisos y faltos de sentido crítico. Un abrazo!!

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  2. Me encantan siempre los mensajes e informaciones que da Carlos González. Pero quisiera plantear la pregunta de que, a pesar de saber que un niño llora cuando se encuentra mal, y es muy desagradable para los adultos oírlo, ¿no puede ocurrir que un niño quiera desahogarse por algo que le ha pasado y solo quiera el apoyo y la compañía del adulto en ese momento? Pienso que llorar es una forma de expresarse y acompañarlo mientras llora sin desviar su atención quizás lo agradezca. Los adultos a veces necesitamos llorar en compañía de alguien querido que nos dé cariño en ese momento. Sirve de consuelo, sirve para liberar tensión... Si le cortamos el lloro ¿no le estamos diciendo de alguna manera que llorar debe evitarse?

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    1. Normalmente cuando un niño necesita llorar y desahogarse por algo que le haya sucedido, ya puedes hacer el pino, que sigue llorando (lo compruebo con los niños de la consulta y con mis sobrinos todos los días!!). El acompañamiento mientras llora no tiene por qué "desviarle la atención", simplemente, en los niños mayorcitos, podemos intentar que nos cuenten por qué están tristes (o enfadados), ni más ni menos que como hacemos en los adultos. A los más pequeños, si pretendemos consolarles con una caricia no deseada o un abrazo no deseado, nos lo hacen saber claramente (por lo menos a mí me resulta muy claro!!). En ese caso, mi consejo es mantenerse al lado del niño y preguntarle de tanto en tanto si podemos hacer algo por él. Tanto Carlos como yo, lo que decimos es que un niño no debe llorar solo ni estar enfadado solo, por supuesto si el niño no quiere contarnos lo que le pasa, se le debería respetar, pero quedándose con él hasta que se le pase el enfado o el llanto. Esa es mi opinión, claro está, cada uno tiene que criar a su hijo como quiera, pueda, y según sus capacidades, y en la crianza no hay absolutos (por lo menos tal y como yo la entiendo).

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    2. Yo creo que tiene mucho sentido y amor tu comentario, pienso y siento que si, que el llanto debe acompañarse, bienvenirse y abrazarse, no es lo mismo abrazar el llanto (cuando nos cercioramos que no tiene hambre, sueño, popa, pipí, malestar...) que dejar llorar sin compañía y escucha.

      Estar allí con los sentidos y la atención puestos en el desahogo del pequeño le permite a el ir respetando sus emociones y entendiéndolas como naturales e importantes, creo que cuando callamos el llanto es como cuando damos chupete, callamos al niñx y su expresión.

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    3. Supongo que lo que me pasa es que, como todos, tenemos nuestra historia. Mi madre es un sol de madre, pero muy poco conectada con sus emociones de tristeza (también porque ha vivido muchos duelos en su vida), y cuando yo o cualquiera de mis hermanas llorábamos, según ella nunca teníamos "motivos", y más de una vez nos llevamos el "azote para que lloráramos con razón". Así que probablemente soy especialmente sensible a la tristeza de otros, y me sale espontáneamente acompañarla. Creo que los niños nos enseñan a ser más conscientes de nuestras emociones y a buscar maneras de manejarlas mejor, porque ellos nos recuerdan que las tenemos!!

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    4. mira, hay una escritora Aletha Solter, que escribe en su libro "mi bebe lo entiende todo" acerca del llanto de los bebes, y plantea que el llanto del bebe muchas veces tiene la funcion de reparador de estres, pues estudios cientificos acerca de la composicion de las lagrimas, corrobora que en ellas se encuentran hormonas que son liberadas en la sangre en situaciones de estres y son parte de ellas eliminadas a traves de las lagrimas. no es que por esa razon hay que dejar llorar a los niños, sino que una vez que ya confirmamos que sus necesidades basicas han sido satisfechas y no tendria porque llorar, quizas estamos frente a esta teoria, en ese caso deberiamos pensar que el bebe puede estar estresado, por exceso de estimulos, porque necesita estar cerca de su madre y se siente solo, en algunos casos la autora cree que queda un recuerdo negativo en los bebes, en forma de sensaciones, acerca de sus nacimientos, traumaticos aveces para el bebe y ese llanto resulta reparador. en ese caso la autora recomienda, el abrazo, el contacto, la palabra y la mirada, acompañarlo en su llanto, hablarle suavemente mientras el llora, relajarnos como padres, y abrazar al bebe, contenerlo, como si cosolariamos a un adulto, no esperando que deje de llorar como un objetivo, sino acompañarlo en su dolor, con una palabra, un mimo o un abrazo....

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    5. El llanto del bebé siempre es "por algo", puede que no tenga una necesidad física, pero la necesidad psicológica de afecto, de contención, de abrazo, para mí es tan importante como cualquier otra necesidad "básica". De hecho sabemos que los niños no abrazados, no acariciados, no cuidados, crecen menos, llegando a morir en casos más extremos (el síndrome del niño del hospicio, del que habla Bowly en sus libros). Para mí, el consuelo siempre es positivo, el permanecer cerca del niño y atento a sus necesidades, siempre es positivo... En fin, sentirnos queridos, acogidos, cuidados... en el fondo sentirnos amados es lo que todos buscamos... los niños también!!

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    6. Tengo dos niños, una de tres años y un bebé de 6 meses. Los dos han sido unos bebés maravillosos que practicamente no lloran nunca, se adaptan muy bien a cualquier situación y muy amenudo con una sonrisa de felicidad. La gente cree que es suerte pero yo sé que tiene mucho que ver portearlos mucho. Llevarlos cerca siempre que se puede. Acompañarlos en sus llantos. Por supuesto que hay que atender a un bebé que llora y si no encontramos la causa apoyarlo en su malestar hasta que se sienta mejor. La mayor de tres años tiene algún momento de rabietas que le duran muy poco porque estamos cerca y le acompañamos en su dolor por no conseguir lo perseguido.
      Gracias Carlos Gonzalez por hacernos disfrutar de nuestros hijos en los buenos y en los malos momentos.

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    7. Desde mi punto de vista, todos los niños nacen con una predisposición a la empatía y a la alegría. Cuanto más los porteamos, achuchamos, amamos y apoyamos, más alegrías nos dan. Yo también agradezco a Carlos González todo lo que me ha enseñado... ¡y me sigue enseñando! Un abrazo!!

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  3. Muy buen artículo, excelente post. Gracias!!! :)
    mibbmemima.blogspot.com

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    1. Me encanta tu blog!! Últimamente estoy encontrando verdaderas joyas en cuanto a distribución de ropa de lactancia y productos naturales para bebés. Quiero hacer una entrada de promoción de webs respetuosas que venden cosas bonitas, ¿me haces una pequeña presentación para incluirte? Un abrazo, Carmen!!

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  4. Gracias por el post, en seri que me ha servido como no tienes idea, las niñas ultimamente me han sacado de mis casillas y de plano ayer antes de acostarme ya no sabia que hacer, estuve pensando y pensando, hoy desperte con la idea de que tenia que buscar ayuda profesional y veo tu posts, no dude ni un segundo en entrar a ver el articulo de Carlos, que le tengo un respeto enorme, y no sabes lo mucho que me has ayudado, aqui encontre la ayuda que estaba buscando, mil gracias!!!. Un bezaso enorme.

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    1. Me alegro muchísimo , Jessy!! Los niños hacen muchas veces eso, nos recuerdan que tenemos que parar, que estar más presentes, en fin, que nos tenemos que hacer más caso, a nosotros mismos y a ellos. Un abrazo enorme para tí y tus niñas!!

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  5. Lamento discrepar con el artículo. Soy padre de tres hijos y diferencio claramente entre rabieta y llanto. Las rabietas se desencadenan ante la desilusión y el malestar que siente un niño al no conseguir lo que desea y el llanto puede producirse por muchísimos motivos diferentes. La rabieta no sólo puede producir llanto si no también pataleo o incluso golpes y agresiones a todo aquello que esté cerca del niño sean objetos o personas. Tengo una juguetería y veo niños constantemente y muchos de ellos sufren rabietas al no conseguir que sus padres les compren algo y para pararlas he visto todo tipo de aproximaciones pero hay casos en los que se convierte en algo verdaderamente imposible. Ante una situación así me temo que tus argumentos no son válidos ya que cada niño, al igual que cada padre, es una persona diferente y reacciona ante situaciones adversas de manera diferente. No existe fórmula aplicable a todos porque ni la persona ni la situación es igual para todos. Cuando mi hijo pequeño llora procuro darle todo mi amor y cariño pero, aunque afortunadamente no sufre rabietas, cuando quisiera conseguir algo mediante presión ,ya sea través del llanto o la agresión física, no se lo permitiría.

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    1. Como bien dices, cada padre y cada hijo son diferentes, a mí no me gusta la expresión "rabieta" precisamente porque de alguna manera rebaja la emoción que representa. Una rabieta no es ni más ni menos que un enfado por una frustración. Los adultos somos más capaces de controlar la emoción del enfado, los niños no. Ahí está nuestra misión, ayudar al niño a comprender que está enfadado (sienten una emoción desagradable y a veces no entienden qué les está pasando), acompañarles en ese enfado (preferiblemente mirándoles a los ojos, arrodillándonos para quedar a su mismo nivel), e intentar descubrir qué les ha enfadado. En la consulta siempre me ha funcionado ese acercamiento, incluso después de haber hecho auténtico daño a un niño (por haber tenido que coserle, o quitarle un cuerpo extraño), es decir, incluso después de que el niño tenía motivos muy válidos para estar enfadado y no querer tener nada que ver conmigo, ese tipo de acercamiento me ha funcionado. Me temo que hay muchos niños que lo único que consiguen de sus padres son cosas, ni el tiempo ni la presencia que necesitarían. Esos niños son los que peor llevan la frustración de no conseguir un juguete, porque para ellos ese juguete es la única prueba que tienen de que sus padres les quieren.También depende de cómo esté el niño (si está con catarro, con malestar, está menos fuerte ante las frustraciones, por ejemplo) Quizá el hecho de que tu hijo no tenga "rabietas" como tú las defines, es precisamente que tú sí que estás presente cuando llora, se enfada o tiene cualquier otra emoción. Un abrazo!!

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  6. siempre el doctor Carlos Gonzalez con esas sabias palabras!!!gracias por ayudarnos a todos los padres a ser mejores personas con nuestros hijos!

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    1. Porque ahí está la clave para mí, en reconocer a nuestros hijos como PERSONAS, con emociones tan válidas como las nuestras!! Un abrazo, Sole.

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