Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

miércoles, 27 de junio de 2012

29 de Junio, día del sueño feliz

Desde este blog os animo a compartir en las redes sociales experiencias de sueño feliz con vuestros hijos. Ojalá cada vez más niños encuentren lo que necesitan a la hora de dormir: Calor humano, comprensión, cariño y ternura. Os cuelgo un estupendo artículo sobre el método Estivill y otras doctrinas psicológicas que no tienen en cuenta al niño ni a sus necesidades. Espero que os guste!!: 

 
 
 

22 de febrero de 2012

El Método Estivill: el último eslabón de una larga cadena de doctrinas psicológicas y médicas hostiles a la Infancia

«Lo más llamativo es constatar la persistente hostilidad de la Psicología hacia los niños, la tendencia a injuriar su naturaleza cognitiva y afectiva y la recomendación de prácticas basadas en el sufrimiento pedagógico»


Autor: Juan Campos, Psicoterapeuta y escritor. (1)
Vía| Prodeni

¿Cómo se debe criar a los bebés y educar a los niños?

Si la Ciencia representa el conocimiento más seguro, universal y preciso sobre un tema parecería natural que cualquier persona razonable buscase la respuesta a esta pregunta entre los expertos profesionales, las personas formadas en el dominio de la Psicología Infantil. Sin embargo, surge un problema al comprobar que algunos, formados en el estudio de esta Ciencia- psicólogos, psicoterapeutas o pediatras- discrepamos de un buen número de doctrinas respaldadas por las corrientes dominantes en ella, que denunciamos como ideología hostil a la naturaleza y a las necesidades afectivas de los niños.

Ciertamente la Psicología Infantil no es sólo ideología. Contiene hechos verificados y relaciones de probable causalidad entre fenómenos difícilmente cuestionables. Pero lo que tiene de Ciencia se presenta con frecuencia contaminado por prejuicios más o menos ocultos y por valores no siempre transparentes ni asumibles. Los valores y los sentimientos forman parte esencial de esta Ciencia por ser su objeto los seres humanos en el comienzo de sus vidas.

Lo más llamativo es constatar la persistente hostilidad de la Psicología hacia los niños, la tendencia a injuriar su naturaleza cognitiva y afectiva y la recomendación de prácticas basadas en el sufrimiento pedagógico. Por sufrimiento pedagógico entiendo la apología de actitudes por parte de los adultos que por razones de crianza-pseudomédicas- o educación -pseudopsicológicas- causen dolor y malestar a los niños.

Todo bebé sufrirá inevitablemente dolores, frustraciones y limitaciones derivados de su dependencia y vulnerabilidad y de los azares de la naturaleza: dentición, fiebres, caídas, accidentes, frío, calor, a veces pérdidas de seres queridos, miseria, sobresaltos etc... Cualquier adulto con una sensibilidad moral adecuada se esfuerza en paliar estos malestares de los niños a su cargo. Pero buena parte de nuestros expertos, no contentos con que los niños soporten este sufrimiento inevitable en el existir humano, insisten en que el buen educador debe añadir a este sufrimiento otro con fines puramente formativos. A esto llama Alice Miller la pedagogía negra o venenosa.

En sus versiones más reprobables estas doctrinas llegan a negar que lo que a todas luces es señal de dolor y angustia en el bebé realmente lo sea. Se invalidan así los sentimientos del niño. Antes de dominar el lenguaje el bebé expresa su malestar, su soledad, su miedo, su dolor, su aburrimiento por medio del llanto. Su placer lo expresa con gorjeos, sonrisas, risas y otros sonidos que no pueden confundirse con las expresiones de sufrimiento. No pueden...salvo que uno sea un experto formado en Psicología. Dice por ejemplo el Dr. Estivill, para eludir justificar y debatir sus doctrinas, que las críticas a su método provienen solamente del Psicoanálisis. Se equivoca doblemente; en primer lugar porque muchos de los profesionales que rechazamos sus métodos no somos psicoanalistas y en segundo lugar porque el más somero estudio de los clásicos del Psicoanálisis le permitiría descubrir hasta qué punto su actitud de dejar a los bebés llorar sin consolarlos la han compartido Freud y sus seguidores.

Véase por ejemplo lo que escribía Melanie Klein, según muchos la psicoanalista más creativa desde Freud, a mediados del siglo XX :

“El primer y más natural resultado de nuestro conocimiento será por encima de todo la evitación de factores que el Psicoanálisis nos ha enseñado a considerar como gravemente injuriosos para la mente del niño. Exigiremos por tanto como una necesidad incondicional que el niño, desde el nacimiento, no comparta el dormitorio paterno”.

Y Donald W. Winnicott, pediatra y en su día presidente de la Internacional Psicoanalítica, hacía afirmaciones tan falsas, crueles y delirantes sobre el llanto infantil como las de Estivill:

“La mayoría de los bebés lloran mucho...Debería hablar primero del llanto de satisfacción, casi por placer...el placer forma parte de cualquier función corporal, así que una cierta cantidad de llanto puede decirse a veces que es satisfactoria para el lactante, mientras que menos de esa cantidad no hubiese sido suficiente”.

Se ha señalado que no hay nada original en el método Estivill, lo que es cierto. Está calcado del conductista Ferber. Pero quienes estudiábamos Psicología en los setenta ya conocíamos por Skinner estos métodos.

Y ya en los años veinte Watson, el fundador del Conductismo, afirmaba con tanta rotundidad como ignorancia que:

Las madres sencillamente no saben que, cuando besan a sus niños, los cogen y los acunan, los acarician y los columpian en sus rodillas, están lentamente creando un ser humano totalmente incapaz de enfrentarse al mundo en el que más tarde va a vivir”.

Suena familiar.

En los mismos años Ian D. Suttie, un psiquiatra escocés autor de un libro excelente en el que rebatía las doctrinas freudianas y su pesimismo antropológico, narraba su debate con el psicoanalista heterodoxo Alfred Adler, precisamente porque éste en su conferencia había defendido la necesidad de no acudir al llanto de los bebés.

En los años ochenta trabajé en la Escuela de la psicoanalista lacaniana Maud Mannoni. Nuestra niña había cumplido un año y seguía alimentándose a demanda al pecho materno. Tanto su madre, la psicoterapeuta Helen McCormack, como yo nos esforzábamos en responder a sus necesidades con la mayor prontitud posible y practicábamos el colecho, por ejemplo, cuando la niña lo pedía. Los lacanianos fruncían el ceño y nos recriminaban nuestra actitud. En su jerga no estábamos imponiendo la Ley del Padre, la Castración Simbólica y todo el resto de patrañas pretenciosas y esotéricas en las que se expresa esa secta. El resultado fue una niña que lejos de convertirse en una retrasada o psicótica como anunciaban llegó a ser una joven equilibrada, despierta e independiente.

Encontramos advertencias contra el exceso de ternura en Freud, a quien Paul Roazen recordaba riñendo a una nuera por su cariñosa actitud hacia su bebé, en Psicoterapeutas Humanísticos como Maslow o Perls, quien se burla de los traumas de los niños, que él considera inexistentes y aboga por la frustración “educativa”. En Pediatría un médico neocelandés, Truby King, dominó la doctrina oficial en Estados Unidos e Inglaterra a mediados del siglo pasado imponiendo la lactancia rígidamente regulada por reloj, con lo que muchos bebés fueron abandonados al llanto por hambre o falta de contacto durante muchas horas de su vida.

Una de las últimas contribuciones a la teoría de la bondad del llanto no atendido la encontramos en la doctora Solter y en los practicantes del “Co-counselling” y algunos-no todos- terapeutas Primales. Según ellos hay una clase de llanto que hay que “permitir” y no consolar en los bebés. Se trata, dicen, de llanto provocado por la necesidad de expresar traumas antiguos que no hay que “reprimir”. Esta es una idea absurda, pues una persona sensible no reprime el llanto, no le pone una mano en la boca al bebé, ni menos, como hace la pedagogía venenosa con niños mayores, los ridiculiza y avergüenza por llorar, sino que intenta encontrar las causas del llanto y en todo caso coge al bebé si éste lo permite, lo mece, le habla o le canta y le escucha para calmarlo, porque el llanto no consolado, lejos de ser una catarsis, un alivio para el bebé, se alimenta de sí mismo y multiplica la angustia hasta llegar a veces al paroxismo.

La persistencia de tanto sinsentido en la Psicología Infantil sólo es explicable por la presencia de poderosos factores extracientíficos, emocionales en este caso, derivados de una tradición de siglos y de la condición humana de los profesionales que antes que científicos han sido bebés y han quedado profunda y, con frecuencia, destructivamente marcados por esas vivencias tempranas.

6 comentarios:

  1. Hola, como siempre me gusta mucho lo que escribes. Pero esta vez no estoy de acuerdo en la mención que se hace a la doctora Solter. Yo creo que hay que leer sus libros, no me he quedado yo con ese mensaje. A mí, desde luego, me gustó mucho conocer esta visión distinta del llanto, aunque sí que es cierto que no lo aplicaría a bebés. Yo, su libro "Mi bebé lo entiende todo" no lo recomendaría, pero pensando en niños más mayores que hablan, sí.

    Un saludo y gracias por tus aportaciones!

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    1. El problema, como bien dices, es que el título del libro no es "Mi niño lo entiende todo" sino "Mi bebé lo entiende todo". Lo que he leído de Solter no me acaba de gustar porque considero que no respeta la necesidad instintiva de consuelo, ni la del niño ni la de sus padres. Honestamente, yo soy incapaz de dejar llorar a un niño "para que no reprima el trauma". Si el niño necesita llorar, llorará hagas lo que hagas (tengo suficientes testimonios en la consulta sobre esto!!), y si deja de llorar cuando lo consuelas, es que lo que necesitaba era consuelo. Pero por supuesto, como siempre, esta es sólo mi "molesta" opinión. Respeto la opinión de la doctora Solter, igual que respeto la del doctor Estivill, aunque no estoy de acuerdo con ninguna de las dos "teorías", y jamás se las recomendaría a los papás de mis pacientes.

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    2. Pues a mí no me parece respetabla la opinión del doctor Estivill.

      Respecto a Solter, hace ya bastante que me los leí todos ("Lantos y rabietas", "Mi niño lo entiende todo" y "Mi bebé lo entiende todo", esos tres y como te decía yo no recomiendo el del bebé, pero sí el del niño, de hecho te animo a que lo leas) y como hace mucho no lo tengo claro pero no me suena que diga que no los consueles, ella habla de no desviar la atención del llanto, como hacemos casi todos en esta sociedad. Cuando un niño llora, aparece un abuelo dándole un caramelo o dejándole un teléfono o lo que sea para que el niño deje de llorar. Yo lo hacía, intentaba a toda costa que el niño dejase de llorar y gracias a Solter me di cuenta de que es importante dejarles llorar sus penas y sus miedos y no decirles "No llores". Ella dice que les permitas llorar estando tú a su lado, abrazándole si se deja, no que le abandones en su cuarto mientras tiene una rabieta, no.

      Yo he comprobado "su método" en mi casa y funciona. El sídrome de la galleta rota que dice ella. Un día se el rompe una galleta a mi hijo y dice "no pasa nada, sabe igual" y otro día se pone a llorar como un descosido. Hay veces que ves claro que no están llorando por lo que dicen sino por algo que les haya pasado, porque están nerviosos,... por lo que sea. Igual que nosotros nos desahogamos hablando con una amiga y llorando, a veces también ellos también lo necesitan, incluso más que nosotros, porque no tienen el lenguaje desarrollado para poder expresar lo que les pasa.

      Yo, no metería en el mismos saco a Solter y a Estivill, para nada, vamos. Yo recomiendo su libro para niños a partir de 2 años y creo que es una visión interesante, si en algún momento del libro radicaliza alguna postura, que no me acuerdo, ya somos mayores para ver qué nos gusta y qué no. No hay que seguir al pie de la letra lo que dice nadie.

      Un saludo.

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    3. No, para nada Solter y Estivill están en el mismo saco!! Valoro las ideas de la doctora Solter y creo que tiene una visión muy interesante sobre la interacción entre padres e hijos, pero te copio exactamente lo que dice sobre qué deben hacer los padres y así puedo explicar más claramente en qué puntos discrepo:
      A continuación lo que dice la doctora Solter:

      "" ¿Qué deberíamos hacer los padres?
      En primer lugar, una vez descartados los problemas médicos, hay que comprobar si hay necesidades o malestares inmediatos, como hambre, frío, etc. Pero si el bebé sigue estando molesto o "quisquilloso" después de que hayamos satisfecho sus necesidades primarias, deberíamos sostenerle en brazos cariñosamente y permitir que continúe llorando. El bebé necesita proximidad y atención cuando está llorando, y nunca deberíamos dejarle solo. Aunque nos sintamos impotentes e inútiles sosteniéndole mientras llora, estamos, en realidad, proveyéndole del apoyo emocional que necesita mientras expulsa hacia fuera la tensión acumulada....

      ¿Por qué nos es tan difícil sostener a un bebé en brazos y permitir un llanto, a veces desgarrador? Probablemente porque hay pocos adultos que hayan sido permitidos llorar cuando eran pequeños tanto como lo necesitaron...

      Nuestros padres no tienen que ser culpados, ya que probablemente carecían de un mínimo de información sobre la importancia del llanto. Sin embargo, debido al condicionamiento sufrido en nuestra niñez, podemos tener una gran dificultad para reconocer esa necesidad en nuestros propios hijos, y podemos sentirnos impulsados a parar su llanto de manera similar... El consejo en este sentido es claro: "es bueno llorar"; y si encontramos a alguien que nos escuche, mejor todavía. Con el tiempo, nos sentiremos mucho mejor y el llanto de nuestro bebé nos parecerá más aceptable y fácil de soportar.""

      A primera vista, genial, sostener al bebé, acompañarle en el llanto... Pero para mi gusto no deja claro que es NORMAL intentar consolarle, y que, siempre según mi opinión, intentar consolar a un bebé no es "distraerle" del llanto. Por último, me escalofría la penúltima frase:
      "Con el tiempo nos sentiremos mucho mejor y el llanto de nuestro bebé nos parecerá más aceptable y fácil de soportar". Yo nunca me he acostumbrado al llanto de un bebé ajeno, me temo que mucho menos podría parecerme "aceptable" el llanto de uno propio. No, es en este sentido en el que no estoy de acuerdo con la doctora Solter. He leído otros libros suyos y consulto a veces su web, me parece que su programa de "parenting awareness" (ya no me acuerdo si se escribe así, qué desastre!!) es muy ilustrativo y puede ayudar a muchos padres... pero no estoy de acuerdo con su postura sobre el llanto, en ese punto concreto. Un abrazo!!

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    4. Claro, es que eso lo has sacado de "Mi bebé lo entiende todo", ese es el libro que yo no recomendaría. Si un bebé está llorando y se calma con la teta o con el chupete, ¿dejarle llorando en lugar de darle la teta o chupete? No me convence... Estamos de acuerdo :)

      Pero yo sí recomiendo el siguiente "Mi niño lo entiende todo" porque ya habla de niños que empiezan a hablar y es distinto.

      Gracias por el debate! Un abrazo! :)

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    5. Pues me buscaré el de "Mi niño lo entiende todo", y seguimos hablando. Para mí lo más rico de crear este blog es precisamente poder debatir con los padres y madres qué os sirve, qué no, con qué estais de acuerdo o no... También es lo que más me gusta de mi consulta, precisamente la gran variedad de niños, padres y madres, y por supuesto estilos de crianza!! A mí para niños mayorcitos me encanta el de "Ni rabietas ni conflictos", de Rosa Jové, me parece muy claro y, como siempre, Rosa empieza por explicar por qué los niños son como son y hacen lo que hacen, cosa que me parece fundamental para empezar a trabajar con ellos.
      Un abrazo y a tu disposición!!

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