Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

miércoles, 8 de febrero de 2012

Los mitos sobre los brazos

Por si acaso con los artículos previos no ha quedado claro lo que pienso, voy a colgaros un artículo antiguo que preparé para la página de una amiga psiquiatra infantil:

Los brazos: Mitos y realidades

En mi consulta de pediatría es frecuente la pregunta: ¿Pero no decían los pediatras que cogerlos en brazos es malo?
Sí… Por desgracia a lo largo de los años se han dicho muchas tonterías. No por venir de los expertos eran menos tontas, pero así son las cosas.
 Sobre el tema de los brazos yo tengo clara mi postura: El hábitat natural del niño antes de empezar la deambulación es el regazo de su madre (padre, abuelo/a, tía/o, vecino/a amable que nos lo coge cuando estamos en el “super”…).

 En este artículo espero darles los suficientes argumentos para que entiendan e incluso compartan una postura tan “radical”.

Mito número 1: No le cojas, que se “acostumbra”.

Durante muchos años, y aún hoy, los niños ( y sus padres y madres) tienen que luchar contra esta opinión de supuestos expertos, que no está basada en ningún estudio científico.
A la vista de los estudios de antropología comparada de Meredith Small y Jean Liedloff, entre otros muchos, parece la más clara de las falacias. Intentaré resumir los descubrimientos de ambas antropólogas.
Somos primates sociales. Nacemos necesitando contacto y cariño. En la mayoría de las culturas “primitivas”,( es decir, las que viven como vivíamos todos hace millones de años), los niños no se separan de su madre en ningún momento. Maman cada vez que ellos quieren. Las madres los llevan constantemente contra su cuerpo, generalmente sostenidos por telas suaves. Cuando Jean Liedloff se encontró con uno de estos pueblos “primitivos” en la selva de Venezuela, le sorprendió sobremanera un hecho curioso. Los niños de este pueblo apenas lloraban. Las madres desconocían el “cólico del lactante” tanto como desconocían el concepto de “cuna” o “carrito”. Y así Jean inició el estudio comparativo que plasma en su libro “El concepto del continuum”.
 Los niños que viven en su hábitat natural, los niños que están en el regazo de sus madres (padres, abuelo/as…), lloran menos, comen mejor, ganan peso más rápidamente y tienen menos enfermedades.
Éste SI es un hecho científico, basado en múltiples estudios de antropología comparada, en estudios realizados en prematuros a los que se aplicó el método “canguro” (ver los estudios de Nils Bergman, mencionado en otras ocasiones en este blog), en estudios realizados en niños nacidos a término, en los que se calculó la frecuencia cardíaca, respiratoria y la temperatura…
Y además de los estudios, me gustaría aportar un hecho que parte de mi propia experiencia. Hace más o menos un año nació, por cesárea, la hija de una prima. Una vez “nacida”, se la llevaron a medirla, revisarla, etc, y a la media hora se la llevaron en una cunita a la habitación. Claramente la niña estaba incómoda, se removía y protestaba, antes de 5 minutos su llanto se oía desde el pasillo.
Llegué a la habitación, donde mi prima había sido “aleccionada” para no coger a su hija, que se “malacostumbraría”.
Aquella niña sólo había conocido el útero y la cunita… ¿Cómo es posible que una niña que sólo ha conocido la cunita esté “malacostumbrada”? Porque cuando animé a mi prima a “desobedecer” y a coger a su hija, la pequeña reptó por sí misma hasta el pecho, se enganchó al pezón, y dejó instantáneamente de llorar.
 ¿No es más lógico pensar que estamos hechos para estar en el regazo de nuestra madre y no en una cunita?
¿No es más lógico pensar que nuestro instinto no nos engaña y que cuando deseamos coger a nuestro hijo es porque él o ella lo necesitan?
Sí, el sentido común (que como dice mi madre es el menos común de los sentidos), nos lleva a pensar que el niño necesita a su madre, que el niño NECESITA estar en brazos… Y resulta que los estudios científicos lo confirman.
Rechacemos los mitos, dejemos que nuestro instinto nos guíe. No suele equivocarse.

Mito número 2: Déjale llorar un poco, que le viene bien…

De nuevo, una opinión de supuestos “expertos” basada en la idea errónea de que los niños lloran “para fastidiar” o aún peor, para “manipular” a sus padres.
El llanto es la UNICA MANERA DE COMUNICARSE que tiene el niño hasta que empieza a desarrollar el parloteo y la sonrisa social. Es la única manera en que puede decir: “tengo hambre”, “estoy incómodo”, “tengo miedo”, “me duele algo”… Conforme nos vamos conociendo, conforme conocemos a nuestro hijo, iremos interpretando sus distintos llantos.
Cuando es posible coger al niño en brazos y consolarle, NUNCA es aconsejable dejarle llorar. Cuando es posible darle de comer, NUNCA hay que dejarle que llore “para que se acostumbre a esperar”.
 Habrá miles de ocasiones en las que realmente no podamos atender a nuestro hijo en el momento y tendrá que llorar: Cuando estemos en la ducha, cuando le tenemos que dejar en la guardería, cuando hay que atarle en la sillita del coche para un trayecto corto…. Pero siempre que se pueda coger o consolar a un niño hay que intentar hacerlo, porque nunca dejaríamos llorar a un adulto al que queremos (imaginaos que vuestra pareja os deja llorar, "porque no tenéis razones para poneros así"... ¿Y es que siempre tenemos razones para llorar? ¿No hay días que nos sentimos tristes sin saber por qué?). Además, cuando le atendemos cuando llora se siente valioso y así desarrollará su autoestima (soy importante porque cuando lloro, mi papá o mi mamá me atienden), aumentará su confianza en sus padres (si estoy mal, me atienden) y, curiosamente, y en contra de lo que piensan los “expertos”, cuanto más pronto y más adecuadamente se ha atendido el llanto del niño en los primeros meses, menos llorón se vuelve, menos dependiente y menos “caprichoso”, pues confía en que sus padres acudirán cuando les necesite.

Mito número 3: Los niños son pequeños tiranos, la educación es una lucha, un tira y afloja a ver quién gana.

Aunque sin ninguna base científica, ésta es la falacia que más ha “triunfado” en el mundo de la educación. Quizá porque los adultos tendemos a reflejar en los niños nuestras propias frustraciones.
Un niño pequeño no tiene “vicios” (“se ha enviciado con los brazos”, “se ha enviciado a llorar”, “lo has enviciado con el pecho”… son lindezas que más de una madre tendrá todavía que soportar durante bastante tiempo). Un bebé tiene NECESIDADES. Es un ser completa y absolutamente desvalido que sólo desea protección, abrigo, cariño y alimento.
El mayor deseo de un niño no es la Play Station, es que sus padres tengan tiempo para sentarse con él o ella, comer juntos, jugar juntos, hacer los deberes juntos…
Cuando el deseo primordial del niño de apego y cuidado se ha visto sustituido por un deseo de COSAS, la  responsabilidad no suele ser del niño, sino de los padres.
Vivimos en una sociedad acelerada, en la que no tenemos tiempo de cuidar adecuadamente a nuestros hijos, y sustituimos el tiempo por cosas, juguetes más o menos caros, DVD para que les entretengan, consolas y ordenadores para que “pasen el rato”… Enseñamos a nuestros hijos que, aunque nos vean poco, aunque no tengamos tiempo para ellos, les “queremos” porque les damos cosas.
Así, los niños se confunden. Su deseo de cariño, de intimidad, de complicidad con los padres, es sustituido por un deseo de “cosas” (que, no lo olvidemos, significan “cariño”… ¡somos nosotros los que les hemos enseñado eso!!). Y encima, les culpamos por ser “tiranos”, “egoístas” y “materialistas”…

Una petición:
Acabo con un ruego:  Por favor, por favor: Cojan en brazos a sus hijos. Todo lo que puedan, todo lo que se dejen, todo el tiempo que sea posible.

Quiéranles como personas perfectas, adorables, amables y generosas que son.
Quiéranles porque son sus hijos, y demuéstrenselo buscando tiempo para ellos, haciéndoles un hueco en sus apretadas agendas, tirándose al suelo a jugar y a volverse un poco niños de nuevo.
Quizá así consigamos curar a una sociedad enferma que ha confundido el afecto con el último modelo de X-Box.
 






2 comentarios:

  1. Hola Teresa, me llamo Laura, tengo 31 años y dos hijos. El mayor tiene 9 años y la pequeña 4 meses. Cuando nacio Mario no tenía ni idea de nada, no le si pecho por que nadie me enseñó, me dio una mastitis y el medico me dijo que no podía seguir. Mi hijo lloraba a todas horas, de dia y de noche, yo desesperaba y el más, tenía que enseñarle A dormir escuchando como lloraba,.... Ahora, he tenido a Carmen, aprendi como debía darle el pecho mientras estaba embarazada, y de ahí, me interese por el tema colecho, brazos, alimentación..... Y mi hija es feliz, y yo también. Si llora la cojo, si se despierta de noche, cosa que rara vez pasa, la meto en las cama.... Quiero seguir así mucho tiempo y hacer lo que no supe con el mayor. Me ha encantado tu blog. Me quedo por aqui... Gracias.

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  2. ¡Hola Laura! Qué bien que Carmen ya te haya pillado "aprendida". Nunca se malcría a un niño por darle cariño, brazos y teta, más bien por lo contrario!! Si el mayor ya tiene 9 añitos, puedes hablar con él de cómo fue su crianza y explicarle todo lo que ya sabes, seguro que le vendrá bien. Un saludo y mucho ánimo para seguir confiando en tu instinto!!

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