Douleando

"Para cambiar el mundo hay que cambiar la manera de nacer". Michel Odent

miércoles, 8 de febrero de 2012

Estimulación precoz

Muchos padres y madres me preguntan sobre el tema de estimulación precoz.
Voy a exponeros unas cuantas ideas tomadas del excelente artículo de Esmeralda Solís, pedagoga, monitora de porteo, artesana, doula, y compañera en este difícil y hermoso camino que es la crianza. Podéis leer el artículo completo en:
http://www.elblogalternativo.com/2011/10/18/de-lo-innecesario-de-la-estimulacion-precoz-en-un-tipo-de-crianza-respetuosa/

Lo primero sería definir qué es la estimulación precoz o temprana. Me apropio de la definición mixta que hace Esmeralda, juntando varios elementos de distintas definiciones que le convencen, y su propia experiencia como pedagoga:

•    Disciplina dedicada al abordaje integral de bebés y niños pequeños con problemas del desarrollo sensitivo, motor o mental, atendiendo así todos los aspectos del mismo y pretendiendo mejorarlas y darle capacitaciones y habilidades necesarias para su vida diaria.

Me parece una buena definición porque sitúa en edad, (bebes y niños pequeños) y deja claro que no todos, sino solo aquellos que tienen algún problema. Y no solo un problema motor o mental, sino también sensitivo. Afrontándolo desde todas sus facetas e intentando mejorarlo y capacitar y habilitar.

Deja claro que no es para todos los niños y bebés. Lo que más me preocupa de métodos tipo Baby-Einstein y demás, es que se recomiendan de forma indiscriminada, que se aplican a todos y para todo.  Y la sobreestimulación de los pequeños causa estrés, físico, emocional, mental y económico. Porque, curiosamente, ninguno de éstos métodos es barato.

Siguiendo con el artículo, la autora parte de la hipótesis de que un niño que es criado con apego, integrado en la vida diaria de sus padres desde el primer momento, ya tiene toda la estimulación que necesita.
Yo estoy totalmente de acuerdo con esta hipótesis, y múltiples estudios científicos la confirman. El cerebro de un bebé se estimula mucho más con la visión de un rostro humano que con la de un juguete, mucho más con el contacto humano que cuando están tumbados en la cuna, y todo esto se ha comprobado científicamente (hemos encontrado cosas tan curiosas como que durante los primeros meses el cerebro del bebé reacciona también ante rostros de primates, cosa que deja de hacer cuando empieza a reconocer a sus padres). Os transcribo parte de la entrevista de Eduard Punset con la neurofisióloga  Sarah J. Blakemore sobre estos estudios:

Eduard Punset: Algo en lo que creímos durante años, como que podíamos estar en una habitación solos y aprender mucho, ahora nos dices que no, que no es cierto, que posiblemente la inteligencia, el desarrollo cerebral necesiten el contacto con otros cerebros. ¿Es cierto?

Sarah-J. Blakemore: Sí… Parte de mi trabajo se centra en el cerebro social, es decir, la complicada red que conecta las regiones cerebrales que se utilizan para que podamos interactuar con otras personas y entenderlas. Parece que las interacciones sociales están ahí desde el principio, desde el nacimiento, son sumamente importantes para el aprendizaje y el desarrollo. Hay estudios en Estados Unidos que demuestran que los bebés aprenden mejor si lo hacen de una persona de carne y hueso que de una pantalla de televisión o de la grabación de una voz en una cinta.

Eduard Punset: De hecho ¿los bebés pueden incluso distinguir entre la voz que procede de una pantalla de televisión y de una persona real?

Sarah-J. Blakemore: Parece que es así según dicha investigación.

Eduard Punset: ¿Sabes qué me parece muy sorprendente? Pues que los bebés de hasta seis meses de edad puedan distinguir el rostro de un mono del de otro mono y luego pierdan...

Sarah-J. Blakemore: Pierdan dicha capacidad, sí.

Eduard Punset: La pierden… ¿Por qué crees que un bebé necesita distinguir la cara de un mono…?

Sarah-J. Blakemore: No es que los bebés necesiten diferenciar un mono de otro. Lo que ocurre es que cuando nacemos podemos percibir cada sonido y cada rostro, pero perdemos la capacidad de distinguir, por ejemplo, entre rostros y sonidos que no están demasiado presentes en nuestro entorno. Por ejemplo, un bebé, un bebé humano no tendrá que ver rostros de monos, por eso no tiene sentido que invierta mucha energía cerebral en diferenciar las distintas caras de los monos. Y entonces, probablemente, se pierden las conexiones que le permiten procesar las diferencias entre estos rostros, mientras que las conexiones restantes, las que le permiten distinguir entre rostros humanos, se ven reforzadas.

Bueno, a partir de ahora no hablamos de lo que “opinamos”. Lo que dice la ciencia es que nuestro bebé está NATURALMENTE preparado para ver rostros y reconocerlos, que su cerebro responde más ante rostros reales, con los que puede interaccionar, que ante rostros “virtuales” en una pantalla. Así las cosas, parece claro que cuanto más tiempo pasen los papás y mamás con sus bebés, cuanto más cerca tengan los rostros, cuanto más interaccionen con ellos, mejor se desarrolla el cerebro del bebé.

Un bebé que está integrado en la vida diaria de sus padres desde su primer minuto de vida, que es atendido. Un bebé con el que se juega, cuyos ritmos son respetados, que es tocado, acariciado, hablado, mimado, mantenido cerca… ya está recibiendo absolutamente toda la estimulación que precisa para su crecimiento.

¿Por qué la crianza con apego favorece este desarrollo y asegura esa estimulación?.
¿Y cuál es la diferencia que aporta la crianza con apego?
Tomo también prestado el ejemplo de Esmeralda: Probablemente llegaréis a la misma conclusión que yo. ¿Cuál de estos dos bebés recibe la estimulación necesaria?

 



 

Creo que el ejemplo es claro. Cuando se ESTÁ realmente con un niño sano, éste no necesita más “estimulación temprana” que sus propios padres y la vida que aparece ante sus ojos atentos.
 Cualquier “método” de estimulación que implique a una pantalla y no a los padres no ha demostrado su efectividad en ningún caso, y en cambio sí hay estudios que demuestran que pasar el tiempo ante pantallas, ya sea de TV o de ordenador, provoca en niños mayores problemas de memoria y de atención. El riesgo de problemas es directamente proporcional al tiempo que el niño pase ante la pantalla, cuanto más tiempo, más riesgo.

El juego:

 Ésta es una gran baza y la gran desaprovechada. Muchos padres y madres se toman el juego como algo “obligatorio” que tienen que hacer con sus hijos y lo colocan en el mismo nivel que atender sus necesidades básicas y, en realidad sí están al mismo nivel, pero de una forma distinta…
Los bebés y los niños aprenden jugando, disfrutan jugando, crecen jugando e interaccionan jugando, por lo tanto todo debería ser juego y ,de ese modo, estímulo.

Así que en resumen, no consiste en aplicar un programa X o Y de estimulación temprana con nuestros bebés.
Lo adecuado es interaccionar con ellos en todo momento ajustándonos a sus necesidades, respetando sus ritmos, adecuando los juegos, escuchar música juntos, disfrutarla y vivenciarla. Bailar y danzar juntos, disfrutar del balanceo en compañía, especialmente de la compañía. Vivir juntos, con ellos y para ellos, compartir vida.

Aprovechar los mil y un momentos que nos ofrece la vida diaria:  Un baño es buen momento de juego y de estimulación, un cambio de pañales el momento propicio de un masaje y un cambio de ropa estupendo para trabajar la propiocepción de los pequeños. Un ratito de teta un momento ideal para una sesión de mimos, caricias y calor. Un pedazo de pan, o de manzana, o de zanahoria cocida puesto al alcance del niño, que lo toque, que lo chupe, que lo saboree (que “guarree”, como dicen las abuelas)… No hace falta ni más, ni menos.

En otro artículo os hablaré de los beneficios del porteo (también copiado de los talleres y charlas de Esmeralda, que es una experta. Para ir abriendo boca os recomiendo su web: www.siriñadas.com ). ¡Hasta pronto!


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